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miércoles 03 de junio de 2020 - Edición Nº2172
Opinión

De aplausos y cacerolas

Autor: La redacción

1 abr -

La crisis sanitaria que impuso el coronavirus en estas últimas semanas contrajo un escenario político sin precedentes, al menos, en los últimos años de la Argentina. Parece que terminaron los días de análisis de crisis económica, de discusiones parlamentarias, de dichos y contradichos de un lado y de otro. Parece que "la grieta" quedó atrás. Allá en los albores de la campaña electoral. O más atrás aun, en las reuniones de Marcos Peña y la mesa del macrismo en el apogeo del frente cambista en la Rosada.

Seguramente si había algo que Alberto Fernández y compañía no hubiesen elegido para cerrar sus primeros cien días de gestión era tener que lidiar con esta pandemia que pone en crisis los modelos socio-económicos de casi todo occidente y que hace tambalear las imágenes de los líderes del mundo. No es el caso argentino, circularon en los últimos días varios sondeos que lo ponen a Alberto y a su gobierno cerca de los 90 puntos de imagen positiva. La figura paternal y de tranquilidad que mostró el presidente ha dado, evidentemente, sus frutos.

¿Cuál es el otro eje político-comunicacional para conducir esta situación? La famosa conferencia de prensa con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Una versión menos federal pero que venía a colación del primer mensaje presidencial que sumaba a Perotti y Morales. El mensaje fue claro, unidad ante el enemigo exterior. El "enemigo invisible" diría Fernández. Una imagen que lo mostraba con el gobernador de la provincia más grande del país, que representa sin duda al alfil, o la reina, del armado del Frente de Todos, la de los votos de la tercera sección que catapultó a Alberto al sillón de Rivadavia. Y del otro lado, el único eslabón con territorio fuerte que quedó de la que hoy es una ex mesa de conducción de la alianza que gobernó el país hasta el 10 de diciembre, y que cuenta con un Macri desaparecido. Esa foto agitó el avispero. En realidad lo calmó, y enlistó la tropa. Que ya venía marchando y mostrando gestos con Massa y Máximo en diputados pero que rompió esquemas a partir de allí.

A la sociedad la tranquilizó, le gustó el mensaje. Entonces se profundiza. La grieta se olvida, y la unidad es con Todos. Así transitamos la primera etapa de la cuarentena. Aplausos desde los balcones, denuncia a los irresponsables que surfean y a cerrar los ojos e ir para adelante. Gestos, caricias y mimos. Mesas de trabajo, inauguraciones conjuntas y un nuevo paradigma para la política argentina. Ese era la proa del barco que conducía Alberto.

Pero se abrió otro frente, el que en realidad nunca se cerró y que le quita el sueño al presidente y todo su gabinete desde agosto de 2019. El económico. La crisis económica se profundiza, el país se para, algún gesto del FMI, y los intendentes y gobernadores que se miran los bolsillos y no encuentran nada. Sumado a una cuarentena que dificulta a los más marginados de la sociedad, que son los que ensanchan los números del trabajo informal, y que viven el día a día, de la changa. La economía del barrio, la que no mira los bonos de Wall Street, pero sí necesita que repunte la economía con urgencia. Ahí empezaron los anuncios de bonos especiales y un plan económico que necesita inyectar dinero ahora no solo en los sectores bajos, sino que también en los medios. En ese momento llega la respuesta del empresariado argentino. Paolo Rocca, CEO de Techint, la empresa nacional por excelencia, quizás la más representativa del empresariado argentino anunció que finalizaría los contratos de 1500 empleados. Al oficialismo se le acabó la paciencia, y lo hizo notar Fernández en su próxima comunicación con los argentinos. "Ahora les toca ganar un poco menos. No hay que ser miserable", le dijo a Rocca sin necesidad de mencionarlo. Y lo que le asusta es el mensaje. Si Techint se da el lujo de recortar por abajo, por lo más fácil, ¿qué queda para el resto? ¿Qué harán las PYMES cuando les toque liquidar sueldos? ¿Por qué voy a hacer el esfuerzo yo si Techint, sí, Techint, dice que no puede?

Tuvo que pasar todo esto para que nos acordemos que el representante del Estado argentino en el Grupo Techint seguía siendo Miguel Ángel Toma. El de la seguridad, el de la SIDE, que fue nombrado en 2016 por el macrismo. Ya dijo Vanoli, que cuando termine el aislamiento obligatorio, el representante de las acciones de ANSES ante el Grupo cambiará.

Pasaron algunos días y apareció en agenda un nuevo tema. La baja de los salarios por parte de los funcionarios públicos. Y ahí nacieron los cacerolazos. Sí en Villa Crespo, Palermo, la ribera rosarina, en Córdoba capital. Pero estuvieron. De aplausos a médicos y personal de seguridad. A cacerolazos por los sueldos públicos. Mensajes hay muchos, pero lo que sabemos es que lo que se discute ahí también es la política. A los políticos y la política. Al lugar de los funcionarios públicos.

Los ruidos de las cacerolas llegaron hasta la interna de Cambiemos. Estuvo el núcleo duro que salió rápidamente a acaparar el tema. Bullrich y compañía intentaron rápidamente hacerse voz de los indignados. La Coalición Cívica y Larreta siguen apostando a la estrategia de lo moderado, y no les gustó que algunos hablen en nombre de todos.

Alberto Fernández no profundizó más en palabras, pero hoy inauguró junto a Kicillof y a Hugo Moyano el Sanatorio Antártida. Un gigante histórico del sindicato de camioneros que se pondrá a disposición de la emergencia sanitaria. Hubo elogios cruzados y una imagen importante. Si hay que elegir, Alberto elegirá a los trabajadores y a la CGT.

Parece que no todos estaban tan cómodos con la paz y la moderación de este nuevo peronismo. La preocupación de Alberto es lógica. La situación económica es la que puede resquebrajar las bases del pacto social que viene pregonando desde tiempos de campaña. Y si se resquebraja se ensancha la grieta. No será la primera vez ni la última en nuestra historia, pero dependerá de un piloto de tormenta, de los que aparecen uno cada tanto. Alberto ya mostró que pasó las primeras pruebas. ¿Sacará el carnet?

S S

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