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viernes 22 de noviembre de 2019 - Edición Nº1978
Opinión

CFK y los federales: te quiero, te odio, dame más

28 feb -

¿Existe alguna razón que explique en su conjunto la acumulación de acuerdos que sintetizan a las distintas versiones de peronismos que pueden encontrarse en varias provincias? San Juan, Neuquén, Río Negro, Entre Ríos, Santa Fe, Tierra del Fuego, Mendoza, ¿Buenos Aires? Ya era así en Catamarca, Formosa y La Pampa. Y la lista puede ampliarse en breve.

Los resultados y dinámicas locales, se sabe, se guían más bien por peculiaridades específicas de cada geografía, lejos están de representar expresiones particulares de la discusión nacional. Pero tampoco son completamente ajenas al humor general. Hay un juego de tensiones, cuya composición puede ir variando. Para responder rápido a la pregunta que da inicio a este texto, quizá convenga pensar a nuestro calendario electoral como Vía Crucis largo. El clima en que se disputa la cita final, va de suyo, impacta en su resultado. Cada posta, pues, vale por eso. Toda consagración previa será objeto de disputa interpretativa entre los retadores principales.

En cuanto a Cristina Fernández de Kirchner, entonces, no hay mucho misterio: con la generosidad que viene mostrando en los territorios desde su derrota de 2017, que había perdido a partir de su reelección presidencial (lo que influyó en el achicamiento y posterior derrota de su fuerza en 2015), procura provocarle a su antagonista máximo, el presidente Mauricio Macri, la mayor cantidad de derrotas posibles de cara al duelo de octubre próximo. Eso, por un lado. Por otro, aspira a derretir resistencias para con su candidatura (¿o a ganar margen para incidir en la designación de otro/a?). Menos desde la reforma constitucional de 1994, pero el interior sigue pesando. ¿O acaso Córdoba no definió el balotaje?

Por último, y como ya se dijera aquí hace una semana, en el Instituto Patria se piensa en la eventualidad del triunfo: lo que viene será duro; y las mayorías legislativas, cruciales. Hay que ir edificándolas desde ahora. Se trata de hacer favores para luego poder pedirlos.

Pero, ¿por qué quienes hasta hace nada rechazaban sacarse fotos con CFK ahora llegan incluso hasta a buscarlas en algunos casos? El derrumbe cambiemista es, por supuesto, un motivo poderoso para esto. No sólo porque el renacimiento de expectativas opositoras tienta a poner a alguien propio en Balcarce 50. Muchos de los gobernadores fueron generosos en términos de gobernabilidad con Macri, Es tentador suponer que teman a la mancha venenosa en que se ha convertido el ex alcalde porteño, de la que han estado demasiado cerca. De igual modo actúan oficialistas como Alfredo Cornejo y Gerardo Morales: diferenciándose.

La resiliencia cristinista empezó a ser mirada con preocupación en las provincias cuando, a tan poco de la hora de las urnas, hay de todo por hacer, con un justicialismo muy disgregado como para arriesgar frente a quienes, pese a todo, siguen conservando los recursos del Estado.

Pero seguía pesando el recuerdo amargo de los últimos tiempos de la década ganada, en que la presidenta cumplida avanzó demasiadas veces sobre relaciones de poder locales, desconociéndolas, y con ello aportando su cuota a varios retrocesos territoriales peronistas. Durante el primer bienio CEOcrático, respondieron a la negativa de la senadora bonaerense a rediscutir los términos de la conducción del movimiento apostando a desgastarla, sosteniendo al Presidente. Las consecuencias fueron nefastas para el país y su pueblo, pero también para ellos mismos: Cristina perdió con Bullrich, pero a los demás les fue peor.

Podía ser más grave la debacle, pero de ahí en más casi todos parecieron recuperar su mejor memoria, en paralelo con el estallido de la segunda alianza. Unos se agruparon para pararse desde la robustez en la negociación con ella, quien a su vez hizo fuerza, en parte, a través de los peso pesado que cesaron hace tres años en diferentes comarcas (José Luis Gioja, José Alperovich, Jorge Capitanich, Luis Beder Herrera, Sergio Urribarri); y también con intendentes, como por caso la totalidad de los fueguinos. De pronto, la paz volvió a convenir. No fue magia.

El interrogante del millón es si esto alcanza para vencer. No, en absoluto. Se contesta fácil.

Pero si había coincidencia en que pelearse había sido un error, no pueden negarse como buenas nuevas las reconciliaciones. Hay pendiente una reelaboración discursiva que enamore de la alternativa a este presente, claro: pero sería imposible con la tropa propia dispersa.

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