Actor Político
www.actorpolitico.com
martes 16 de julio de 2019 - Edición Nº1849
Opinión

En sus marcas

Autor: Pablo Papini

7 feb -

El receso por vacaciones de verano duró lo que un suspiro. En realidad, la política nunca descansa, pero hacía rato que eso no se notaba tanto como en este inicio de 2019. Con la noticia de que finalmente la presidencia de la Nación y la gobernación bonaerense se votarán en igual fecha, y siendo que en el combo Mauricio Macri-María Eugenia Vidal están cifradas --para bien o para mal-- las expectativas electorales de Cambiemos, arrancó formalmente la carrera sucesoria.

El oficialismo tiene las ideas bastante claras: dado que la economía no proveerá de buenas nuevas de aquí a la hora del sufragio, le urge correr del centro de la escena toda discusión que implique al bolsillo y desplegar en su reemplazo polémicas que remitan a las pasiones que sustentan al actual gobierno, que funcionan en una doble frecuencia de antikirchnerismo en particular y antiperonismo en general. Hacia allí apunta la delirante (desde la racionalidad económica) apuesta por quitar al dólar de las tapas de los diarios a costa de un endeudamiento feroz y de tasas de interés astronómicas que vuelven inviable cualquier alternativa productiva. La aptitud de este modelo para dar respuestas está agotada. Ninguna de esas variables es el problema en sí: si el deterioro no se expresa a través de ellas, o de escaladas brutales del billete verde como durante 2018, lo hace por medio de cifras dosmilunistas de derrumbe (en diciembre último, la construcción cayó más de 20%, y la industria más de 14%).

Por peculiaridades de la triste memoria nacional en relación a la divisa norteamericana, el macrismo ha optado por soportar en cuentagotas novedades de cierres de fábricas, despidos, quiebras y conflictos salariales (que encima pueden redituarle, operadas mediáticamente), que las mucho más traumáticas de corridas cambiarias. No está escrito que vaya a salirle bien la jugada, ni lo contrario, pero ésas serán las coordenadas sobre las que se arribará a las urnas.

2020 luce, así las cosas, sombrío: con los motores económicos fundidos --en razón del destrozo amarillo--, vencimientos de deuda acumulándose a alturas de tsunami, mercados voluntarios de crédito cerrados y habiéndose ya consumido el préstamo del FMI, el pronóstico de default parece ser el consenso en el país de la grieta inevitable. En Olivos contestarían a esto que no se preocupan: si sale bien la epopeya reeleccionista, que en gran medida sería gracias al salvavidas “del mundo”, suponen que también de afuera vendrá otra mano cuando las papas quemen.

En las distintas oposiciones tampoco dudan. Si bien difieren en los tiempos de convocatoria, ambos bandos peronistas hablan de la necesidad de una articulación amplia para plantársele a la pesada herencia que se viene. El kirchnerismo, probablemente consciente de que le falta para imponerse, pero a sabiendas de que con el triunfo no alcanza, llaman a un frente patriótico que concurra como tal a los comicios. Entre quienes repudian a CFK, en cambio, y mientras intentan convencer a las bases de la presidenta mandato cumplido de que ellos son más idóneos para ponerle punto final a la CEOcracia, prometen por enésima vez un acuerdo socioeconómico.

El debate de fondo es por Cristina Fernández. Entretanto ella se dedica full time a robustecer un espacio sin concesiones en su antagonismo con el cambiemismo, quienes defienden la hipótesis de su postulación sostienen que no cabe otra debido a que, a tan poco de la elección, ningún compañero se ha acercado siquiera a su volumen. Los que la rechazan, aceptan eso, pero responden que el techo de ella de cara al balotaje es el único imposible de ser quebrado, y no le basta para derrotar a Macri. El litigio gira sobre su eje sin resolución desde antes de la consagración del ex alcalde porteño.

Quizá jamás se logre síntesis entre ambas posturas, pero se aproxima una definición parecida a la de 2017: en algún momento, si nadie ofrece un ticket más taquillero, quienes integran las mesas decisorias justicialistas pidan mayoritariamente por la senadora porque, en dicha instancia, la prioridad pasará a ser la defensa de las posiciones de poder con que hoy cuentan. Aquellos que no orbitan bajo su conducción, entonces no podrán culparla.

Y tal vez sea lo mejor: ¿cómo podrían afrontar las dificultades monstruosas de gestión que recibirán si en paralelo se reconocen incapaces de ganarse una candidatura?

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias