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miércoles 22 de mayo de 2019 - Edición Nº1794
Opinión

G20 y después: ¿recuperación cambiemista o humo?

Autor: Pablo Papini

7 dic 2018 -

Pasó el G20 y la pregunta es si el evento le sirvió al gobierno de Mauricio Macri para recuperar oxígeno y dar vuelta el clima adverso en el peor de sus casi tres años de mandato. Es lógico que, al menos, se empuje en tal dirección, pues no es seguro que logre sus objetivos el peronismo no kirchnerista, que se organiza de cara a 2019 con el objetivo de robarle descontentos a los que les sobran motivos para mudar de preferencia. El capital aspira a más seguridades que las que otorgan cambiemistas y justicialistas perdonables, mientras el pedido de detención de Paolo Rocca prueba que en su interna las tensiones sucesorias escalan.

Debe reconocerse que la CEOcracia aprobó en su rol de anfitrión de las cumbres de los jefes de Estado más poderosos del planeta. Si bien, en concreto, fue poco y nada lo acordado, ello no es culpa de Macri, quien puede decir que al menos logró que eso se plasme en un papel, lo cual es obviamente preferible a un desplante como los que acostumbra Donald Trump. En definitiva, conviene entender que se dice que la fiesta salió bien porque se evitó que saliera peor. No es poco para quienes en 2018 no han logrado siquiera organizar un partido de fútbol, aunque su concepción liberal, caminando el mundo hacia el proteccionismo, ha quedado vetusta.

En una política que hoy dirime mucho en el mundo de las imágenes, no debería extrañar que esto otorgue margen al Presidente para intentar reinventarse. Y, de hecho, como es el tercer gobierno radical pero se distingue de los dos anteriores porque al menos tiene voluntad de poder, ha puesto proa rumbo a ello. Así lo demuestra la nueva reglamentación que en materia de seguridad dictó Patricia Bullrich casi cuando aún no se habían ido del país las visitas. Vieron la oportunidad y avanzaron con una agenda a través de la que procurarán suplantar en la campaña de 2019 lo que ya está claro que de ningún modo podrá proveer la economía.

Pero en la cocina amarilla se expusieron roces a propósito de la decisión de Bullrich, que hace juego con la bolsonarización de la política, que a su vez es parte de un fenómeno transnacional de ascenso de derechas anti-sistema, producto de la insatisfacción de distintas ciudadanías con sus representaciones dirigenciales. Aunque no es todavía para siquiera considerar la hipótesis de una lesión en la arquitectura oficialista, la convivencia en esa familia es delicada desde el estallido de la crisis cambiaria en abril último, y alcanzó su cúspide cuando el entendimiento de la totalidad del peronismo le arrebató a la UCR un sitio en el Consejo de la Magistratura.

Se insiste, no han madurado en grado considerable esos enojos, pero esta misma semana también sucedió que Balcarce 50 no consiguió siquiera poner en debate el único proyecto de ley que le importaba de la convocatoria a sesiones legislativas extraordinarias. Pocas veces visto que eso le pase a un Poder Ejecutivo. La teoría de una Elisa Carrió encajando en un acting guionado por Jaime Durán Barba es surrealista, el berrinche expresa un malestar previo real.

Con una economía que no sale de terapia intensiva, es obvio que los actores al menos pongan en revisión sus hojas de ruta. A fin de cuentas, el bolsillo no es lo único, pero sí lo principal a la hora de definir el voto. No es que tengan miedo de que Alfredo Olmedo los pise, pero mejor no subestimar a nadie. Lo dijo Rosendo Fraga: Cambiemos maneja bien la hora de las urnas, pero nunca le ha tocado hacerlo en contexto adverso. En 2013 y 2015, contó con el detenimiento del modelo K, y el consecuente desgaste político que se derivó de ello, del que fueron depositarios; y en 2017, keynesianismo mediante (ya no disponible con el FMI de regreso en estas tierras), se recuperaron del mal 2016 que hoy es mirado con nostalgia, y ello permitió estirar el relato de la pesada herencia. El contraste con lo que se viene no podría ser mayor.

La economía, en definitiva, es el quid de la cuestión. El año pasado, la reforma previsional mostró los límites del dogma fiscalista M a menos de dos meses de que muchos lo hubieran caracterizado de hegemónico. Las mieles del G20 duraron menos: a las pocas horas se difundieron números catastróficos de recesión y recaudación, tras meses de hablar sólo de macro. Ahí hay un escollo brutal: si se mantienen las actuales tasas de interés, habrá ruido en materia de producción y empleo; caso contrario, el dólar mostrará los colmillos nuevamente, y no estando garantizado nada en cuanto a deuda externa, crece el riesgo de choque. Por supuesto, ni siquiera ese contexto tan piantavotos le asegura algo a la oposición.

Es que no se trata sólo del hueco, que lo habrá: además hay que llenarlo, y eso está por verse.

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