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sábado 23 de marzo de 2019 - Edición Nº1734
Opinión

Últimos shows de la Moncloa antiperonista

Autor: Pablo Papini

16 nov 2018 -

La sanción del Presupuesto 2019 clausuró el ciclo de opoficialismo legislativo. Decir esto parece disparatado cuando, pese al desastre socioeconómico de 2018, el gobierno nacional ha conseguido la ley de leyes con márgenes holgados. Son los últimos suspiros de una época que muere, pero aún conserva capacidad de daño por cierta inercia y por inhabilidad de algunos sectores del peronismo para captar que el viento, sencillamente, ha girado de dirección.

La rebelión al interior del segmento justicialista del Senado que ha colaborado con el gobierno nacional durante estos casi tres años de CEOcracia ya es numerosa y abierta. Si no escaló en una ruptura formal superior (por ahora) a las de José Alperovich y Beatriz Mirkin fue sólo debido a que estaba pendiente la renovación de representantes de la cámara alta al Consejo de la Magistratura. No convenía arriesgar de más con el órgano de designación y remoción de magistrados en épocas de persecución judicial. Pero aún ese trámite confirmó nuestra tesis.

Miguel Ángel Pichetto, promotor de una Moncloa que no fue con Cambiemos, logró evitar que el cristinismo avanzara posiciones en el CdM sólo gracias a los votos de, justamente, el oficialismo. La tropa legislativa de Mauricio Macri, a su vez, tuvo que optar por eso como mal menor, cuando anhelaban mayoría agravada propia allí, ante la alternativa de fortalecimiento de CFK, siendo que es el campo tribunalicio el único en que pueden complicarla. La reconciliación de la presidenta mandato cumplido con peronistas que discuten su conducción, pero no su pertenencia al movimiento, está generando cada vez más ruido en el escenario político. El rionegrino precisó de manos amarillas porque ya no las consigue entre sus compañeros.

Con el Presupuesto sucedió lo mismo: el rechazo fue mayoritario entre los senadores justicialistas dispersos en distintas bancadas. Tanto una cosa como la otra reflejan el fracaso de un proyecto que se pretendió histórico. El establishment deseaba un pacto partidario a la española, domesticando al peronismo de sus arrebatos kirchneristas, porque necesitan que el programa quede a salvo de sucesiones presidenciales, y en el fondo saben que administraciones como la de Macri están, a la larga, condenadas a perder elecciones. Pero la línea Davos murió tan pronto como avanzó la reconciliación entre herederos y herederas del general.

Tres hombres, por fuera del propio jefe de Estado, encarnaban el consenso regresivo que no llegó a ver luz. Pichetto, que termina abollado por encapricharse en no aceptar que eso, sencillamente, ya fue entre los suyos. Emilio Monzó, quien, más astuto, prefiere retirarse así sea temporariamente a cuarteles de invierno, a la espera de mejor oportunidad. Y Sergio Tomás Massa, quien por estas horas ejecuta un juego que conoce como pocos pero que tal vez peque de desubicado en tiempo y espacio: la indefinición. En este caso, entre sumarse a una unidad amplia junto a Cristina Fernández, o no. Deberá decidir en base a lo hasta aquí explicado, que no es opinión del autor sino los duros hechos, si no quiere seguir perdiendo popularidad.

Mientras quienes proclamaban la supuesta urgencia del peronismo por volver a fuentes de las que lo habría apartado la experiencia 2003-2015 despotricaban contra la inclusión jubilatoria, la jefa de Unidad Ciudadana se apoyaba en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. No es casual esa cita: el preso político Julio De Vido contó en 2016 que el formato de construcción que tiene en mente CFK para encarar el regreso es el Frente Cívico de Liberación Nacional con que Juan Domingo Perón inició el camino a su tercera presidencia. El requisito de pertenencia era sencillo, alcanzaba con repudiar el orden entonces vigente.

Tan parecido a la actualidad. Y tan necesario y conveniente: con el poder institucional y el real solapados como no se recuerda, y con una deuda externa camino a superar de nuevo lo producido por el país en un año, todo lo cual se paga en justicia social porque antes se cedió independencia, el triunfo y un éxito liberador imponen acumular todo cuanto se pueda. Si es cierto que sólo volver no lo es todo, los límites se debilitan: enhorabuena, en eso se está.

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