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jueves 22 de noviembre de 2018 - Edición Nº1613
Opinión

Massismo, unidad y Presupuesto 2019

Autor: Pablo Daniel Papini

27 oct -

Cuando Sergio Tomás Massa arrancó un camino propio, su fuerza, el Frente Renovador, se caracterizaba por ser un acuerdo de intendentes bonaerenses. Eran alrededor de 25. De cara a 2015, al ir perdiendo el tigrense electorabilidad, la mayoría de esos alcaldes volvió al kirchnerismo, y entonces el massismo armó una alianza con José Manuel De La Sota para competir, debe reconocerse, decentemente en las elecciones presidenciales. Aún conservaba a Felipe Solá, que fue el candidato a gobernador bonaerense del espacio tras haberse malogrado tres opciones que el ex titular de ANSeS consideró antes que él (Darío Giustozzi, Gustavo Posse y Francisco De Narváez), y nunca haberse concretado el salto varias veces anunciado de Martín Insaurralde desde el Frente para la Victoria para dar esa pelea en nombre de su rival de 2013. En 2017, el segundo ministro coordinador de CFK fue apabullado por Esteban Bullrich, pero también por su antigua jefa, acompañado en la boleta por Margarita Stolbizer, y, de nuevo, por quien sucediera a Carlos Ruckauf al mando de la provincia más grande. Innegablemente, no le faltan imaginación y voluntad para reinventarse y mantenerse en primera plana.

Los datos gritan algo con claridad: Massa fue dejando jirones de estructuras en su derrotero, y quedó cada vez más aferrado a arreglos con nombres rutilantes. Ahora que también Solá y otros han abandonado, y que ello supone que tanto sindicatos (por Facundo Moyano y el chubutense Jorge Taboada) como movimientos sociales (por la confluencia de todos ellos con el Movimiento Evita) rumbean definitivamente hacia otro lado, corre riesgo de quedarse sin el pan ni la torta. Probablemente, su foto, el día que los mencionados anunciaron que lo abandonaban, junto a referentes del progresismo antiperonista haya tenido por objeto disimular que, otra vez, perdía músculo. En cualquier caso, ello se debe a exceso de tacticismo y escasa mirada estratégica.

Está claro que, por estas horas, hace fuerza sobre la pata que siempre mantiene por fuera del justicialismo para negociar con los compañeros (en eso tiene algo de ambos Kirchner, la verdad sea dicha; y no está mal… siempre que no se pierda el horizonte, algo que le cuesta). Querrá hacer valer sus sufragios (no pocos, es cierto) y el dinero que lo banca (también tiene).

La pregunta es: ¿sigue habiendo margen para ello cuando todo se acelera? ¿No corre ya demasiados riesgos mientras el peronismo, en su mayor parte, define ir a por la unidad? Y, sobre todo, cuando quienes votan oposición han acentuado su repudio a la política en curso: ¿perdonarán que se siga dando aire a la CEOcracia que hace meses viene mareada a sopapos? Hasta Miguel Pichetto ya deja una hendija del PJ abierta a Unidad Ciudadana (suponiendo que se le concede el rol de patovica del partido que se autoadjudica).

Otro tanto vale para los gobernadores que siguen negociando con el macrismo. En este caso, el Presupuesto. Guiados por el esquema de Manuel Barge, diremos que el peronismo consta, a grandes rasgos, de dos bloques de poder. Los mandatarios provinciales y los intendentes del conurbano bonaerense. Que tramitarán su puja bajo un mismo paraguas justicialista a través de distintos abogados. El de los jefes comunales sería el kirchnerismo; el de los otros, ¿será Massa? De él dependería. Pero sus cavilaciones, antes comentadas, corren en espejo a las de aquellos a quienes debería expresar. Que podrían esgrimir buenas razones para seguir pactando con el gobierno nacional. Las hubo, tal vez, hasta este 2018 en que todo giró dramáticamente.

¿Tiene el macrismo con qué castigarlos si niegan apoyo al dibujo de Christine Lagarde? ¿Podría Olivos afrontar el costo social que ello supondría? Y en todo caso, ¿hicieron, estos mandatarios locales, valer lo suficiente el desgaste de Mauricio Macri en las negociaciones presupuestarias? Una vez más: la duda está en la proporción de rosca que se incluye en el coctel de la política. La respuesta fácil en estas discusiones es que quienes rechazan las iniciativas de Balcarce 50 lo hacen desde la comodidad de no gestionar territorios. Pero los jefes comunales de provincia de Buenos Aires, que mandan sobre poblaciones muy superiores a las de varias provincias, se pronunciaron en contra, e incluso le pusieron su cuerpo a tal decisión en el recinto.

El paso adelante de Solá y compañía debería persuadir a gobernadores y Massa que los hechos se precipitarán más allá de su control si no cierran la unidad que amagan. El sindicalismo que pide por ello, las señales de paz de las diferentes celebraciones por el Día de la Lealtad, la mesa de acción plural del PJ. Garantías, todas ésas, de la amplitud que, con razón, demandan.

* * *

De cualquier manera, los 138 diputados que levantaron sus manos siguiendo las órdenes del Fondo Monetario Internacional son bastantes menos que los 177 de 2016 y los 165 de 2017. Un oficialismo que llegó al quórum con la lengua afuera, colgado apenas de aquellos a quienes puede apretar con recursos de gestión, siendo más numeroso que en su bienio inaugural, sufre sin embargo peor que cuando era más minoritario. Mirado por encima de sus múltiples fragmentaciones, el peronismo votó dominantemente en contra. Si algo de rutina como esto salió raspando, ¿cómo harían con los cambios profundos que plantean como esencia?

Al revés que la oposición más dura. La magia de la política. Se ha expresado legislativamente el debilitamiento amarillo. Ninguno de los legisladores cambiemistas quiso discursear para defender esto (salvo los reglamentariamente obligados: miembro informante, Luciano Laspina; y presidente de interbloque, Mario Negri): jamás visto. Ahora le toca a lo electoral. No debería confundirse este triunfo pírrico de Macri en la cámara baja con una recuperación política. Cristina Fernández consiguió la sanción de su último Presupuesto entre la primera vuelta y el balotaje en que sería vencido Daniel Scioli. Contrario sensu, en 2011 fue reelecta arrasadoramente con 54% pese a haberle fallado dicho proyecto en 2010, único antecedente registrado desde 1983.

La unidad del peronismo, presumiblemente, no corre riesgo, más allá de declaraciones altisonantes, por el accionar de los legisladores en cuanto a este asunto. Lo que no podrán evitar quienes acompañaron es que se les recuerde el gesto durante la campaña de 2019.

Tal vez entonces sea demasiado tarde para repensar el respaldo que acaban de otorgar.

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