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lunes 10 de diciembre de 2018 - Edición Nº1631
Opinión

Si ves al futuro, cuídate de él

Autor: Pablo Papini

4 oct -

2018 será recordado como el año de una crisis larga, constante, interminable. Sin prisa, pero sin pausa. Ha sido caracterizada de diversos modos: algunos dicen que se parece al colapso alfonsinista de 1989, otros la comparan con la de la primera Alianza en 2001. Los menos la asemejan al Rodrigazo (1975). A partir de la firma del segundo préstamo stand-by con el Fondo Monetario Internacional, mucho más duro y escaso que el primero (que fracasó en tiempo récord), Carlos Rodríguez, surgido de la cantera de la ortodoxia más rancia imaginable, habló del crack que produjo la última dictadura en 1982. Las referencias históricas orientan, pero no por las similitudes mencionadas hay que esperar que los acontecimientos decanten de forma idéntica. Cada contexto tiene su propia dinámica, y los actores reaccionan con las diferencias que ello impone. El concepto a retener es que los déficits gemelos (fiscal y externo) acercándose a niveles record para la biografía nacional en mismo tiempo y lugar, y con la masa de la bicicleta financiera presionando (mientras sólo cambia de nombre y se estira), no hay cómo exagerar la gravedad del cuadro. La política, en tanto, observa esto y, aunque lentamente, se mueve.

Juan Carlos Schmidt renunció al que hasta hace días era un triunvirato de conducción de la Confederación General del Trabajo. Se trata de la reacción en dicho órgano de posiciones más confrontativas para con el programa de gobierno hoy en despliegue.

En el universo peronista no-kirchnerista, en tanto, la foto que juntó a Sergio Massa, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto, en principio, se propone funcionar al margen de Cristina Fernández. ¿Se mantendrá por mucho tiempo dicha postura, o sólo se trata de una estación intermedia para, primero, robustecerse y, recién después de ello, ir hacia una negociación la presidenta mandato cumplido? El radicalismo también se reunía en soledad, hacia fines de 2014, para asegurar que jamás pactaría con el PRO y con la Coalición Cívica de Elisa Carrió: eso duró hasta marzo de 2015. Y más importante: ¿se trata sólo de un desacuerdo personal con la actual senadora, o es también programático? Dicho más específicamente: ¿mantiene el cuarteto arriba referido la tesis del jefe de los senadores justicialistas, de un movimiento que acepte los límites sistémicos dados; o tienen proyectado empujarlos?

¿Existirá ese debate, que no sólo tiene que ver con los lineamientos de Unidad Ciudadana, sino que ya son los de cada vez mayor cantidad de segmentos de la vida pública argentina, habida cuenta que el arco de agredidos del macrismo crece sin cesar y velozmente?

Sigue siendo incierto si la CEOcracia llegará con vida a la competencia 2019, o no. Choque o ajustazo invotable es, se reitera por enésima vez en estas columnas, todo el horizonte amarillo. Y es altamente probable que ni exacerbando más allá de lo imaginable lo segundo logren evitar lo primero. Sabiendo Jaime Durán Barba que no tendrá ya caramelos por repartir (la ilusión de 2015, la fase expansiva del ciclo en 2017), a partir del nuevo salvataje otorgado por el FMI ha dejado ver que el tono de la campaña del año próximo será de apenas agite de cucos. A su propia nota en la que califica de delincuente a todo aquel que adverse a sus pupilos, se suman los videos en que Mauricio Macri aparece dialogando con los sentidos comunes más reaccionarios (un parrillero que repudió el último paro general; unos falsos pizzeros que nos explican que no importa que la gestión no da pie con bola: si tú quieres, puedes). Por último, en su informe de ayer ante la Cámara de Diputados, Marcos Peña eludió por completo la economía en su breve introducción y se centró en supuestos avances en materia de seguridad.

Como sea, Cambiemos iría a las urnas en un escenario desconocido: desgastado y refugiado en su núcleo duro. No hay que subestimar nunca, pero el oficialismo luce muy complicado. Sin embargo, conviene recordar que el elenco dirigencial es pasajero, pero no los intereses que expresan. Seguirán al acecho aunque les toque volver a rol opositor, y con la inestimable colaboración de lo que un futuro negrísimo y el FMI pueden aportar como condicionantes.

La unidad ya no es tanto imperativo de triunfo como de durabilidad y posibilidad de éxito. Si el segundo turno de CFK se malogró por lo que le faltó al mismo tiempo que enflaquecía políticamente, mucho más urgente es acumular ahora que el panorama luce hostil.

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