Actor Político
www.actorpolitico.com
lunes 10 de diciembre de 2018 - Edición Nº1631
Opinión

La lenta agonía de la hegemonía que no fue

Autor: Pablo Papini

21 sep -

Seguramente, al final, Mauricio Macri tenga Presupuesto 2019. Pero no habrá sido sin sudor. Que se trate del cálculo de gastos y recursos que más le ha costado en su mandato, siendo el último previo al recambio presidencial del año que viene, dice mucho. Se suponía que a esta altura tendríamos hegemonía amarilla tras la renovación legislativa de 2017.

Los gobernadores siempre prefieren que los Presupuestos sean aprobados. Caso contrario, la ley prevé que se prorrogue el del ejercicio previo, con las modificaciones que el Poder Ejecutivo considere necesario efectuarle… a través de un decreto. Como allí hay en juego porciones sensibles de dinero del mal llamado interior, mejor tener la cosa bajo control, vía la intervención de legisladores, que librar al Poder Ejecutivo a la discrecionalidad. Pero esta vez es demasiado. Sería largo enumerar las inconsistencias, que en el proyecto por estas horas en discusión abundan como en ningún caso previo que se recuerde. Para muestra, bastan dos botones. El gobierno nacional ha pedido autorización para renegociar deuda externa sin la carga de los actuales requisitos legales de mejorar plazo, monto o intereses. Es claro: Argentina está al borde del default, y para zafar deberá ofrecer ventajas vergonzantes. Los acreedores querrán consenso pluripartidario para con ello, suponiendo que así evitarán repudios a los compromisos.

Por otro lado, proyecta un dólar irreal, a estar por el ritmo que lleva la corrida cambiaria desatada en abril del presente año como consecuencia de un frente externo roto por completo, con un Banco Central al borde del vaciamiento y siendo aún incierto si el nuevo salvavidas pedido por Mauricio Macri al FMI será suficiente. La expectativa devaluatoria, así --en un marco cambiario absolutamente desregulado--, es altísima. Si se presupuestase un precio más realista de la divisa norteamericana, pues, su valor actual parecería baratísimo, y la estampida contra el peso se acentuaría aún más. El crack sería cuestión de horas porque el proceso, que de todos modos tiene ese rumbo, se aceleraría furiosamente. Pero sin esa cifra, todo se vuelve papel mojado.

Una nueva temporada de bicicleta financiera --que convertirá a la recesión en, lisa y llanamente, depresión-- otorga aire al gobierno y a los sectores de interés que expresa para planear lo que viene. Así hay que leer el desplazamiento de Ricardo Lorenzetti de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia, reemplazado por Carlos Rosenkrantz. Un tiro a dos bandas: controlar la línea sucesoria y el sesgo de fallos venideros en sintonía con la agenda del establishment. El rafaelino puede haber prestado valiosos servicios, pero tiene aspiraciones individuales, lo cual nunca es recomendable; su sucesor, en cambio, es abogado de Clarín: riñón propio.

El casino en que ha convertido al país la CEOcracia en funciones se sostiene con endeudamiento, que encima ahora es gerenciado por ese gendarme de la rentabilidad timbera global que es el FMI. Ése es otro plano en el que se dibuja el futuro. Tanto el festival de letras y bonos emitidos como el prestamista de última instancia sirven para atar de manos al próximo gobierno, si fuese uno con aspiraciones de algo más que apenas gerenciar el statu quo. Los muertos se cuentan fríos, pero el horizonte asoma de color distinto. Hasta ahora, Cambiemos ganó como oposición contra oficialismo desgastado (2015) o en la fase ascendente de su ciclo económico (2017). En 2019 deberá afrontar las urnas en época de vacas flacas. Obligado, además, por Christine Lagarde y compañía, a austeridad. Es eso, o choque, que de todas modos no puede descartarse. Sólo dura porque no aparece alternativa capital friendly competitiva.

Pero en el campo opositor, aunque lenta y dificultosamente, también hay reacomodamientos. Sobre todo, desde lo sindical y lo social, con referentes importantísimos allí cada vez más proclives a acordar con CFK, toda vez que el modelo, que ya logra contentar a todo el empresariado, mucho menos puede sostener siquiera las migajas que tiraba hacia abajo en su bienio inicial. Entre los gobernadores opositores más y menos amigos de Cambiemos, un tercer grupo, ya con más ganas de enfrentarse a Macri pero diferenciados de Unidad Ciudadana, logró juntar en una misma reunión al jefe de los senadores cristinistas, Marcelo Fuentes, con Juan Manuel Urtubey, delegado PRO en el justicialismo según comentarios maliciosos.

Impensable hace apenas semanas, esto no supone que vaya a existir unidad entera del movimiento. Menos con los cuadernos operando como pretendido muro de cualquier hipotética variante de confluencia. Pero da cuenta de un deshielo favorecido por la prisa que lleva la crisis: cualquiera sea su epílogo, mejor que te agarre preparado, habiendo al menos tendido puentes.

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias