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domingo 21 de octubre de 2018 - Edición Nº1581
Opinión

Cuando ni con los cuadernos alcanza

Autor: Pablo Papini

30 ago -

La nueva paliza que sufrió ayer el peso no deja lugar a dudas: el programa económico de Mauricio Macri está agotado, incluso en sus propios términos. El Fondo Monetario Internacional era el salvavidas final que quedaba para mantener el rumbo vigente, no alcanzó. El problema político es que el oficialismo actual no puede ni quiere adoptar nuevas coordenadas. Por convicción (mejor dicho: dogmatismo) y porque las fuerzas sociales en que se apoya se lo impiden.

Como se ha dicho en esta columna, resulta imposible leer la operación #Cuadernos por separado de la corrida cambiaria, que es el reloj de arena de la economía cambiemista. Habida cuenta que no hay recomposición sin recambio partidario, los tribunales se convirtieron en uno de los territorios en que se disputa la sucesión. Los otros dos son: la City porteña, y el Senado de la Nación, guarida de CFK, según los enemigos de la presidenta mandato cumplido.

Cuesta escribir un texto cuando no hay novedades en el escenario hace varios meses. Las que lo parecen son, en realidad, distintas manifestaciones de idéntico fenómeno. Desde que en enero de este año a Luis Caputo, entonces ministro de Finanzas, le fue notificado que ya no habría más deuda para Argentina, todo se precipitó alrededor de una única polémica: cómo culminará el mandato de Macri; y, en la otra cara de una misma moneda, cómo impactará eso en su reemplazo, pues no es lo mismo un final violento que otro calmo.

Si la cosa se parece más a lo primero, tiende a fortalecerse un escenario en el que el giro sea en dirección hacia alguna forma de retorno de la influencia de Cristina Fernández en las decisiones públicas, sea como presidenta o no. Si se lograse, en cambio, un aterrizaje suave, podría favorecer a alguna variante de peronismo amigable para con moldes similares a los que maneja la CEOcracia en funciones. Pero resulta que allí no hay organización, quizá tampoco voluntad, menos votos y, por último, algunos empezaron a pensar, entre otras cosas, que si quienes hoy integran el circuito gubernamental (que va más allá de la administración en sí) no están en condiciones de exigir, bien pueden al menos tomar un café en el Instituto Patria.

Algunos creyeron ver en el último discurso de la jefa de Unidad Ciudadana un reproche al peronismo no kirchnerista por entero. Error: se trató de patadas dirigidas exclusivamente a Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti; el trío de justicialistas que siguen apostando a una alternancia en clave Moncloa con el macrismo. Es que se discutía sobre el expediente iniciado irregularmente por Claudio Bonadio, y por ende, vale reiterar, sobre los días por venir de la política doméstica en general, y del movimiento fundado por el general tres veces presidente de la república en particular: todo tiene que ver con todo.

Lo cierto, al final del día, es que hasta en el manejo de la persecución a la que la somete Comodoro Py, es CFK la única que piensa y actúa en función del por si acaso. Su ajedrez de silencio está diseñado para fortalecerse tanto en términos de reconciliación individual con el electorado como por efecto contraste con un Macri que apostó a lo mismo, pero que ahora, abandonado por ella en el centro de la escena, queda expuesto en su brutal incapacidad. Entre eso y los acuerdos dirigenciales que ha sumado, le sobra a ese sector para erigirse como la única estructura capaz de hacerse cargo del vacío si una fatalidad lo impusiera, o aún --al menos de momento-- si todo marchara dentro de los plazos estipulados constitucionalmente.

Y si acaso Bonadio no llegara a tiempo, ya la sorora Silvia Lospenatto se encargó de presentar un proyecto de ley para proscribirla. Como para que nadie dude de las alianzas en juego.

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