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sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº1517
Opinión

Una pistola en la cabeza de la política

Autor: Pablo Papini

3 ago -

Cuando esta nota se estaba escribiendo para ser publicada ayer, estalló lo que aquí se llamará Fábula de los Cuadernos. Entonces, como no trataba sobre dicha operación mediático-judicial y la agenda manda, el original fue descartado, y la nota habitual de los jueves pasó a hoy, para ocuparse del escándalo. De todas maneras, hay una conclusión de fondo compartida entre ambos textos: se decía en aquel (en una ampliación del análisis de la semana pasada), y vale también para éste, que es demasiado temprano para certezas en cuanto a candidaturas. Hace siete días argumentábamos que, ante un panorama económico tormentoso, que puede desembocar en una crisis peor que las de 1989 y 2001 porque la actual conjuga elementos de ambas; siendo imprescindible una caracterización de la etapa histórica en curso a la hora del diseño electoral, pero resultando imposible todavía el mismo porque se desconoce hacia dónde disparará la turbulencia, definir ya una postulación es atarse a un riesgo gigantesco.

Bueno, si hacían falta más datos para convencerse de la gravedad del caos que se avecina en materia de gobernabilidad, o si acaso no se comprenden del todo los que hay disponibles, las bajadas de línea que se conocieron acerca de la fábula de los cuadernos es un indicativo poderosísimo de que el crack del modelo cambiemista es terminal.

La duda en las primeras horas pasaba por la autoría de la operación. Lo más fácil era decir que Mauricio Macri y compañía estaban detrás de esto, para resucitar el clivaje que les dio vida, que pasa por una cuestión moral, ahora que la economía ya no responde como sí lo hizo en 2017. Alguien arriesgó que podía ser el justicialismo no kirchnerista, para barrer a CFK en la interna peronista. Pero resulta que hay hombres de esos dos bandos entre las citaciones y detenciones (un ex CEO de Iecsa, por un lado; y Juan Manuel Abal Medina y Javier Fernández, por el otro). Diego Genoud arriesgó que el segmento del establishment que se expresa en Cambiemos se hartó de la idea del dúo Jaime Durán Barba-Marcos Peña de mantener viva a la presidenta mandato cumplido: no sea cosa que, ante el declive amarillo, ella se beneficie de rebote. Hablaría de la pérdida de control de la situación política por parte del gobierno nacional, en espejo con la cesión de mando que ya hizo a favor del Fondo Monetario Internacional en la economía.

Y hace juego con la columna del más fino de los voceros del statu quo, Carlos Pagni, quien hizo referencia al Mani Pulite y al Lava Jato. ¿Qué produjeron partidariamente en sus respectivos países dichos mega procesos judiciales? Una licuación total, de modo que nadie quede con fuerzas como para más que administrar el orden vigente. Y si alguien se salva y conserva tales intenciones, irá a parar a la cárcel, como Lula da Silva. Ahí andan ya apurando a Miguel Ángel Pichetto para que revea su postura en cuanto a los fueros senatoriales de Cristina Fernández. Quedando así los privilegios a salvo de impugnaciones. Si el riesgo hasta esta novedad lo corría sólo el programa actualmente en despliegue, que los garantiza, y el único polo con resiliencia es el enemigo (la cosa va rumbo a que la líder de Unidad Ciudadana recupere influencia en el futuro, sea como presidenta o no), primero se irá a por eso. Pero tal vez nadie esté a salvo si se trata de suplantar a la política por otra, distinta, racionalidad rectora.

Conviene, por último, no perder de vista que el big bang de la crisis CEOcrática fue la imposibilidad del gobierno nacional de seguir contentando, cuando se le cerraron los mercados de deuda, a ambas facciones empresarias, la dolarizadora y la devaluadora. Si los segundos estaban jugando a través de ese oxímoron llamado peronismo racional, y algunos de dicha familia iban explorando entendimientos con CFK, no sería raro que los otros reaccionen.

Pero, cuidado, porque todo en política puede siempre devenir en boomerang: si es cierto que la dirigencia está por entero bajo amenaza, al justicialismo acaban de regalarle una oportunidad inmejorable para, de una buena vez y por todas, cortarla con los enojos y reunificarse.

No es necesario que sea por amor: basta con que prime el instinto de supervivencia.

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