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sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº1517
Opinión

Las incógnitas de una eternidad

26 jul -

Volvieron los rumores sobre una hipotética candidatura presidencial de CFK en 2019, y lo que menos importa del asunto es determinar la conveniencia de ese rumor. ¿Lo agita el macrismo, en el supuesto de que todavía le sirve agitar la hipótesis del regreso del cuco populista, para correr del centro de la escena el debate por el desastre socioeconómico en curso, y consolidarse como opción de descarte entre el electorado? Y si no es así, ¿quién está detrás de las versiones, y por qué las echa a correr? En cualquier caso, nadie del círculo cercano a la senadora se ha manifestado con la temeridad de Horacio Verbitsky, quien asegura que ella ya habría definido competir, y que esa jugada iría en línea con un supuesto pedido en tal sentido del papa Francisco. La racionalidad de ella no ha sido jamás la de decidir con tanta anticipación. Menos aún ahora.

Se insiste: hoy no son prioridad los nombres porque la crisis económica en despliegue es de una gravedad imposible de exagerar. La conciencia acerca de esto sí es minoritaria.

El modelo cambiemista, si se concede que alguna vez lo hubo, está agotado. Como máximo, puede evitar un choque abrupto a costa de hipotecar la gobernabilidad futura (independientemente de quién vaya a ocupar Balcarce 50) y de afrontar las urnas con números carentes de sex appeal. Esto supone una reconfiguración respecto de los comicios 2013/2015/2017, en los que se consolidó un esquema de tercios/balotajista sobre el que se hamacó el macrismo para emerger, vencer y durar. Primero, construyendo con total prescindencia de cualquier versión justicialista; luego, explorando en las divisiones al interior de dicha familia para que primara el rechazo a su fracción dominante, el kirchnerismo (tanto en segunda vuelta como, luego, para vertebrar consensos legislativos). Eso anduvo mientras no era Mauricio Macri quien debía dar respuestas. Y más tarde, porque el margen de su primer bienio dio para ir a la renovación parlamentaria creciendo y distribuyendo alguito. Esto último ya no estará disponible si el Presidente pretende llegar en tiempo y forma. Ergo, la arquitectura antes descripta se verá alterada. Por ende, lanzar nombres es a esta altura mero divague.

Es cierto que el gobierno nacional se vale de cualquier recurso para distraer. Todo sirve a tal fin: una polémica por la postulación de Cristina Fernández, otra por la ampliación de las facultades de las FFAA y el escándalo alrededor del financiamiento ilícito de la campaña electoral de María Eugenia Vidal del año pasado. Sobre esto último, que remite a conflictos domésticos de la alianza oficial, queda claro que si Marcos Peña estuvo detrás o lo aprovecha para su litigio particular con el dúo que conforman la gobernadora bonaerense y Horacio Rodríguez Larreta; y si dichas agarradas responden a que la ex vicejefa porteña escalaba por si acaso, ello demuestra complicaciones en el armado amarillo. Por lo cual, resulta incomprensible que se los siga considerando imbatibles. En especial, cuando a este dato se agrega que nunca les ha sobrado nada en materia de sufragios.

También es obvio que CFK tendrá intervención en 2019, por sí o a través de terceros, pues su volumen se lo habilita. Pero están por verse con qué combinaciones. El resto de la oposición haría mejor en preguntarse cómo pueden meter la cuchara allí antes que esperar respuestas a propósito del futuro de la presidenta mandato cumplido. Sin iniciativa, todo les será difícil.

Hasta ahí las certezas. Las dudas son a más numerosas: ¿Cambiemos llegará a las elecciones con su fisonomía actual? ¿Qué sucedería si llega a darse algún desprendimiento, siquiera mínimo, allí (un gobierno de minorías, prohibido olvidar)? ¿Y si nadie de PRO arribara a la cita con chances series de figurar en alguna boleta? ¿Cómo actuará el peronismo no kirchnerista si se verificase que la avenida del medio sigue angostándose, y si crece más aún el rechazo al ciclo vigente? ¿Cómo impactaría que al menos un segmento del establishment completase su ruptura con Olivos, si el justicialismo ajeno a Cristina luciera menos abollado para el desafío? ¿Cómo hablar de futuro en campaña si todavía es imposible de medir el daño a heredar? Todo esto es al menos posible.

Nunca faltó tanto para la sucesión como para tener tantas ambiciones de proyectar detalles.

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