Actor Político
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martes 18 de septiembre de 2018 - Edición Nº1548
Opinión

Balance legislativo antes del receso

12 jul -

El declive macrista arrancó con la (mal llamada) reforma jubilatoria de diciembre de 2017, que recortó cien mil millones de pesos en la clase pasiva. En lo que va de 2018, la comisión de Previsión y Seguridad Social de la Cámara de Diputados no se reunió ni una sola vez. El mega-DNU de principios de año, las leyes que lo reemplazaron y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional habilitan al gobierno nacional a liquidar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSeS. El bloque del Frente para la Victoria tiene en la cámara baja un proyecto de ley para devolverle al Congreso nacional la facultad de intervenir en las decisiones relativas a dicho ahorro previsional. Si no se cumple con el trámite regular de paso por comisiones, porque el oficialismo no convoca a la que corresponde a la temática en cuestión, para ser tratado por el pleno se requiere de mayorías especiales que Cambiemos puede bloquear apenas con los propios, sin necesidad de que otros espacios lo ayuden. Están, pues, muy claras las intencionalidades.

Pero esto es política, no matemáticas. ¿Recuerda, lector, el Vía Crucis tarifario? Una situación muy parecida a la que atraviesa el FGS. Primero, el FpV-PJ intentó en soledad una sesión sin haber pasado antes por comisiones: quedó lejos del quorum. Luego, hubo mega consenso peronista en un dictamen común (todos los bloques, desde el massismo hasta el de CFK, pasando por el Movimiento Evita, el scrum de los gobernadores y la tropa de los Rodríguez Saá, metieron mano allí). Faltó apenas uno para poder dar inicio a sesión. Como Cambiemos podía chicanear con la comisión de Presupuesto (de las que siempre manejan los oficialismos), y la iniciativa del justicialismo unificado no había sido considerada allí, pudo frenarlo por el detalle de las mayorías especiales. Finalmente, como el tema fue creciendo alarmantemente en la calle, alguien convenció a Mauricio Macri de que era preferible resignarse a que se aprobase dicha ley, para lo cual debía colaborar ordenando a su bloque cesar el obstruccionismo; y cortar el desgaste de un saque con un veto, que seguir padeciéndolo en las tapas de los diarios continuamente.

¿Fue la calle o la rosca? Ambas. ¿Y cuál primero? Se alimentan recíprocamente. Si falta alguna de las dos, no se lastima. En lo que tiene que ver con el FGS, en la última sesión de Diputados ya se consiguió mayoría, aunque no la especial que el reglamento impone como requisito para incluirlo en temario. Cuestión de tiempo. Es de esperar que se llegue antes que la CEOcracia lleve su daño allí a grado irreversible. Parece haber margen aún. Y puede, razonablemente, tenerse expectativas: si Macri patinó para ya no levantarse sin volver a tambalear continuamente a partir de la cuestión jubilatoria, ¿por qué podría de nuevo ahora que cayó su prestigio?

Aquella vez, se estuvo a escasas dos bancas de hacer caer una de las patas fundamentales de lo que por aquellos días se conoció como reformismo permanente. Si quienes la rechazaron se hubiesen retirado del recinto al momento de votar, habría caído el quorum. Faltó coordinación. Lógico en una jornada accidentada. También aquel conteo fue dándose vuelta conforme las plazas iban llenándose. Parece que fue hace siglos: pasaron apenas nueve meses, un embarazo. Justamente, el Presidente viene sufriendo como en un parto desde entonces. Aquella reacción popular desnudó las debilidades de la arquitectura amarilla. Que no cuenta con recursos propios para avanzar, y a la que se le complica obtenerlos prestados con semejante agenda. Siempre que, se insiste, abajo cruja el descontento y arriba se sepa sintetizar para expresarlo.

Así, la grieta que separa a Jaime Durán Barba/Marcos Peña de Horacio Rodríguez Larreta/María Eugenia Vidal se comprende fácil. Mientras los segundos quieren blindar a Macri con un acuerdo con el justicialismo no-K, para evitar su derrumbe ante lo dramático de la coyuntura, porque sin futuro para el jefe no lo habrá tampoco para ellos; los primeros saben que eso puede derivar en que sean ajenos quienes cosechen de una hipotética recuperación. Si a comienzos del ciclo descartaron un pacto general con ese peronismo porque se imponían --imagen alta mediante-- ley por ley, por angurria y para sostener a Cristina viva para polarizar; y si luego de la renovación parlamentaria insistieron con el impulso de la confirmación triunfal; ahora se trata apenas de supervivencia. Jugar la heroica por la propia. Y si sale, será toda de ellos. Probar de nuevo con el supuesto ocaso irreversible de la líder de Unidad Ciudadana, acusando de seguir subordinado a ella a quien no se someta: aquí encaja Elisa Carrió. La falta de garantías que ofrece el no-kirchnerismo por carencia de mando unificado es excusa, podrían trabajarlos de a uno. Aunque es cierto que la vuelta de Ella al recinto empasta todo, pues lleva a quien quiera colaborar a pedir más ante el riesgo de que se los señale por ajustistas. En fin, ya no sobran opciones. Ahora se hace sentir la soberbia de las épocas doradas. “- ¿Y el radicalismo?” ¿Quién?

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