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lunes 16 de julio de 2018 - Edición Nº1484
Opinión

La generación 2001

Autor: Lucio Fernández Mouján

2 jul - Andan por los cuarenta. La generación política que empieza a ocupar espacios de poder viene marcada por la lucha callejera, en un piquete o en una ronda de las Madres. Piensa a la política como herramienta de transformación y no como fuente de riqueza. Un perfil de lo que se viene.

Falta más de un año para las elecciones presidenciales pero ya está en boca de todos. La crisis cambiaria puso en alerta roja al gobierno de PRO y en acción a todo el arco opositor. Hay 2019, pero falta un montón. Ante la imposibilidad de definir uno o varios candidatos o candidatas, parece un buen momento para alzar la vista y buscar la geografía del proceso político, revisar el pasado y proyectar un futuro.

Las elecciones asoman con poca novedad. Duhalde lanzó la idea de un gobierno de transición, de ordenamiento económico y social. Hace su juego, pero hay que reconocerle que es el único que imagina algo verosímil y original. Una mirada vaga proyecta a un gobierno que buscará reelegir en medio de un ajuste brutal ya sin globos de colores, sólo agitando fantasmas. Una oposición que se debatirá entre la unidad de todo el arco opositor o la división entre el kirchnerismo y la avenida del medio, ignorándose hasta el momento cuán ancha vaya a resultar. No habrá presidenciables nuevos/as. Es lo que hay hoy.

Las únicas novedades de 2015 hasta acá son la habilidad demostrada por parte del gobierno para el juego político (no así para el manejo de las variables económicas) y la irrupción de dos luchas sociales: la de los trabajadores excluidos –los trabajadores de la economía popular, expresados en los movimientos sociales- y la del movimiento feminista.

Ambos movimientos lograron construir demandas que atravesaron los alineamientos políticos, llevaron su lucha de la calle al Congreso. Sin embargo, son claras las diferencias en cuanto a la magnitud y maduración de los conflictos. El movimiento feminista tiene una larga historia de luchas que encontró su momento para explotar. “La revolución de las hijas” dice Luciana Peker. A su vez, la pelea por la legalización del aborto tiene un condimento extra, un nuevo interbloque de diputadas entre las que se destacan Victoria Donda, de Libres del Sur, Brenda Austin, de la UCR, Mayra Mendoza, del FpV, Silvia Lospennato del PRO, Lucila de Ponti del Movimiento Evita y Cecilia Moreau del Frente Renovador, todas de entre 40 y 32 años.

Generación 2001

Hablar de generaciones no es capricho. Compartir etapas históricas que las vieron nacer, criarse, formarse políticamente las constituye. Pese a ser de distintas zonas geográficas o subculturas, a escuchar distinta música, la historia del país las une. Martín Rodríguez analiza a la generación que comparten Scioli y Massa en Orden y progresismo. El historiador Javier Trímboli, en Sublunar, hace lo propio con su generación, la que comenzó su militancia con la vuelta de la democracia, marcada por la derrota, por el fin del sueño revolucionario y que luego fue segunda línea en la etapa kirchnerista. ¿Hay elementos para describir una nueva generación?

Wado de Pedro, Leonardo Grosso, Myriam Bregman, Andrés Larroque, Juan Grabois, Facundo Moyano, Nicolás del Caño, Vanesa Siley se suman a la lista. Son dirigentes políticos, sociales y gremiales que –con algún desliz- nacieron entre 1973 y 1983. Tuvieron entre 18 y 28 años el 20 de diciembre de 2001, varios estuvieron en Plaza de Mayo ese día. Participaron de algún piquete y alguna ronda de las Madres en su recorrido militante.

Néstor Kirchner lo supo más que nadie. Debía conquistar una buena tajada de la militancia que protagonizó el 2001, la que provenía del movimiento de Derechos Humanos, los HIJOS, y la que venía del movimiento de desocupados, los piqueteros. Quienes se sumaron al nuevo proyecto político primero lo hicieron con dudas. Se hablaba de apoyo crítico, que por la velocidad de los cambios pingüinezcos, pronto pasó a apoyo sin dobleces. Néstor era un desconocido, pero un político con poder durante la era menemista. Su gesta presidencial fue la que conmovió a muchos, no su pasado.

Si se hace una encuesta en esa generación, es probable que casi ninguno haya votado a quien venía a proponerles un sueño. Es una generación que nació luchando contra toda la clase política, que tenía una foto del subcomandante Marcos en su cuarto. Aprendieron que se militaba sin un peso, que había que inventarlo todo. Si conseguían un paquete de fideos hacían una olla popular, un mural y un torneo de fútbol para poder organizar el barrio. Si hacían un escrache, iban a pie y se bancaban el gomazo. Quienes encabezaban una movilización también hacían las pintadas, organizaban la seguridad y convencían a los vecinos. Darío Santillán era de esta generación.

Los que se sumaron al proceso político nacido en 2003 pudieron usar todo ese know-how que los puso a la cabeza de espacios militantes. Se pudo discutir política, muchos fiscalizaron una elección por primera vez. Aparecieron en programas de televisión bancando la militancia de los setenta. Desde distintas experiencias personales historizaron su práctica. Algunos pudieron volver a decir a viva voz que eran peronistas. Fueron los soldados para la liberación que enamoraron a Néstor y sobre todo a Cristina.

Generación intermedia

Hoy andan en torno a los cuarenta, entre los 35 y los 45 años. A modo esquemático, son los que transitan entre la generación que hoy se ubica en los espacios de máxima decisión y la nueva juventud. Están en el medio, conocen a las otras generaciones, son la polea de transmisión. Por eso se puede hablar de segundas líneas, aunque Marcos Peña tiene la misma edad y está en el centro del poder. También María Eugenia Vidal, ubicada en el límite de la generación. O Axel Kicillof, arriba un par de años. Son los adelantados, aunque su precocidad estuviera más vinculada a distintas estrategias de sus referentes más entrados en años.

La generación viene marchando en bloque. La Cámpora, aunque todavía no demuestra independencia de la jefa, tiene en su conducción a jóvenes grandes, en edad de definir una línea política. En el FIT triunfa la dirigencia joven del PTS. El espacio de los movimientos sociales lanzó su herramienta política, En Marcha, con Grosso y Donda a la cabeza.

Generación militante

Eduardo Basualdo construyó un término para definir a toda una generación política que maduraba con la vuelta de la democracia y gobernó en el menemismo: el transformismo argentino. Retomó un análisis de Gramsci para definir una casta política que era empleada de los grupos económicos locales e internacionales y cuyo vínculo con los sectores subalternos sólo se daba bajo la forma de dominación. Pizza con champagne. Corrupción sistémica. Dirigentes que usaron la política para ascender en la escala social. Ruptura entre sociedad civil y clase política: los políticos “profesionales”. Néstor Kirchner traicionó a su generación, pero formaba parte de ella. Generó las condiciones para el resurgir de la militancia política, para la vuelta de los ideales, pero ni él ni sus principales funcionarios hicieron su carrera política bajo el signo de la utopía. El menemismo fue escuela de peronismo como vocación de poder, sin más. El kirchnerismo le devolvió a la política la idea de herramienta de transformación, después de treinta años.

La generación 2001, la hoy generación intermedia, es una generación militante. La primera después de la dictadura que empieza a ocupar lugares de poder. A Néstor y a Cristina se les dejó pasar que sean millonarios, a esta nueva generación no. A Néstor y a Cristina se les perdonó que hayan tenido funcionarios inútiles y ladrones, a los que vienen de la experiencia piquetera o del movimiento de derechos humanos no. La lucha contra las injusticias los y las volcó a la política, el conocimiento de las realidades más difíciles les dio capacidad de acción. Reúnen experiencia, calle y gestión.

A simple vista y en el corto plazo no se vislumbra un candidato o candidata de esta generación. Pero muchos de ellos serán protagonistas del armado opositor que busque ganarle al gobierno del FMI, al que conocieron bien cuando recién empezaban. Están hoy imaginando cuáles son las propuestas que pueden convocar a los más jóvenes, qué trabajo hay que hacer para encantar otra vez a tanto votante perdido. Con decir “antes estábamos mejor” no alcanza. Hay que modernizarse, utilizar las nuevas herramientas, incorporar las nuevas demandas. Hay que volver a soñar. Esta generación puede hacerlo.

Lucio Fernández Mouján es politólogo y miembro del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política, Instituto Gino Germani, UBA, y del PEPTIS (Programa de Economía Popular y Tecnologías de Impacto Social), UMET/CITRA. @carraspero

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