Actor Político
www.actorpolitico.com
martes 18 de septiembre de 2018 - Edición Nº1548
Opinión

Vísteme despacio, que estoy apurado

Autor: Pablo Papini

22 jun -

Esta semana fracasó un intento de los diputados del Frente para la Victoria, del Movimiento Evita y del Frente de Izquierda por exigir que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional pase por el Congreso y para blindar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSeS. Es el momento en que irrumpe la aún vigente inmadurez partidaria de la nueva mayoría que la calle ya parece estar definiendo. Llegado el caso, el voto podría arreglar eso, pero supone un riesgo. ¿Le daría a Mauricio Macri una chance de zafar de lo que a esta altura va luciendo ineludible, la salida de Cambiemos del poder en 2019? Difícil saberlo con tanta anticipación, pero llegaría en mejores condiciones que si las oposiciones arribaran en acuerdo, implique ello unidad o no. Salvo, claro, que la crisis se acelerase tanto que arrasara con todo, inclusive con las planificaciones electorales. No es lo más probable, pero la posibilidad empezó a ser, al menos, considerada por quienes hasta hace poco lo descartaban de plano. El peligro es que los mismos que castigan el ajuste M hagan lo propio con las especulaciones adversarias. Pero tampoco eso es seguro. Nada lo es, al final del día.

El debilitamiento ostensible de la CEOcracia da aire a todos los segmentos ajenos a creerse con razón en sus tácticas. Es válido y lógico que cada quien insista un tiempo más. ¿Es tarde para plantear una alternativa al oficialismo? Cambiemos, conviene recordar, en un marco mucho más adverso al actual (CFK cerró en calma su mandato), se armó recién seis meses antes de vencer.

En los capítulos jubilaciones, tarifas y, con sus particularidades, legalización del aborto, la calle ordenó las decisiones legislativas. Y el modelo económico amarillo no muestra una sola señal de reacción, con o sin auxilio del FMI. ¿Quién puede predecir el futuro? El antimacrismo se creía en 2017 con más chances de las que finalmente tuvo. Leyó defectuosamente una economía que era por entonces menos cruel que la del año previo por los pecados populistas que se permitió la administración de los gerentes para afrontar mejor la hora de las urnas. A su turno, el cambiemismo se soñó, una vez superado el desafío de mitad de mandato, yendo por todo en 2018: a ocho semanas de aquello, tuvo que desplegar fuerzas de seguridad en las calles para conseguir a punta de pistola la sanción de la ley de recorte jubilatorio; y cinco meses después, caía ahogado en el rincón de un prestamista de última instancia. Es decir, no está el horno como para pronósticos.

Al margen de la coyuntura, late una estructuralidad de fondo que condiciona más allá de diseños proselitistas. En estas jornadas se juega también la gobernabilidad del próximo ciclo. El FMI significará un cepo a la soberanía decisoria de las autoridades venideras. Si Macri reeligiera, no tendría drama, pues su filosofía es coincidente con la de las recomendaciones de los dirigidos por Christine Lagarde. Pero aún en sus propios términos el nuevo/viejo neoliberalismo ya se ha acercado demasiado peligrosamente a un agotamiento. Si la discusión que se avecina será entre distintas versiones de peronismo, es natural que el del Fondo resulte un expediente que quema.

Se tratará del litigio entre la aceptación y el rechazo de las limitantes que mandan desde afuera.

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias