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miércoles 19 de septiembre de 2018 - Edición Nº1549
Opinión

Los motivos de una vuelta de página

Autor: Pablo Papini

15 jun -

Cuando se escriba el punto final de este texto, no lo tendrá todavía el debate en la Cámara de Diputados por la legalización del aborto. Es deliberado el cierre previo al resultado. Y es que la intención de estas líneas no pasa por una crónica de aquella sesión. Se concrete, o no, se trata del mayor avance que esta causa ha conocido, a nivel parlamentario y más allá del palacio también. Interesa aquí intentar comprender las razones profundas de esta novedad histórica.

Mucho se ha polemizado acerca del rol de Mauricio Macri en esta discusión. Resumidamente, si de veras fue él quien habilitó el trámite, o si meramente definió subirse al mismo una vez que ya era indetenible, en una maniobra hábil políticamente, pero de nulo peso concreto.

Por supuesto que no ha de haber sido completamente inocuo el papel del jefe del Poder Ejecutivo en un país presidencialista. Pero las crónicas más confiables de aquellas semanas, bien alejadas de cualquier bando partidario, dan cuenta de que Macri diseñó su jugada recién cuando Emilio Monzó le advirtió que la movida legalizadora crecía casi inconteniblemente. Y no es en absoluto criticable que así lo haya pensado. Como dice Martín Rodríguez, el oportunismo es lo menos reprochable en un dirigente. Así es este negocio. Y si algo más aportó esa conveniencia que empujó al ex alcalde porteño, bienvenido sea para quienes hace tanto pelean por esto.

Del mismo modo, ya es estéril revisar el legajo de CFK en la materia. En las últimas horas circuló en las redes sociales una planilla con el detalle del voto de los bloques del Frente para la Victoria cuando se aprobó el matrimonio igualitario. Apenas algo más de la mitad de la tropa que allá por 2010 integraba Néstor Kirchner acompañó una iniciativa que los entonces conductores del espacio avalaban enfáticamente. Más aún: la secretaria parlamentaria del scrum K en la cámara baja en esa época, la mendocina Patricia Fadel, sudó tanto como Agustín Rossi (pero en sentido opuesto) para sumar voluntades. Esto da crédito a Juliana Di Tullio en cuanto a su nota de principios de año en que explicó que había sido ella y no la presidenta mandato cumplido quien optó por no insistir con el proyecto porque no le veía viabilidad ni entre los propios; y que, así las cosas, prefería esperar a perder. Sobre todo, cuando Cristina le aclaró, eso sí, que, a diferencia del casamiento entre personas del mismo sexo, no operaría para procurar torcer la balanza.

Pero, de nuevo, todo eso es ahora anécdota. Que enseña poco y nada sobre un giro.

En este caso, en la grieta, tan inevitable en otros litigios, se pierden demasiados sucesos que impactaron mucho más en la transformación que estamos comentando. El Ni Una Menos, la lucha feminista por la igualdad de género, es el más relevante de ellos. No debe ser casualidad que se llega a esta instancia a escasos tres años de su bautismo de masividad en las calles.

De idéntica manera, la renovación dirigencial, que en el Congreso es muy numerosa (a diferencia de lo que quieren hacer creer los dedicados a denostar a la política, especialmente la partidaria), sirvió para que, justamente, las instituciones se dejaran interpelar más por los reclamos ciudadanos. Y esto es transversal. Quienes quieran defender a CFK por su evolución en este asunto, si es que consideran necesario hacerlo, encontrarán aquí, en su promoción del trasvasamiento generacional, mejores argumentos. Seguramente no con el fin de que se legalizara el aborto. Pero así son las cosas en política. Las realizaciones suelen no obedecer a rajatabla las planificaciones originales de sus autores. Lo importante es que estos sepan demostrar ductilidad para adaptarse a las variaciones cuando se producen.

Tampoco la excesiva dureza con los predecesores de los legisladores actuales es buena consejera. Correspondieron a su tiempo, y colocaron los ladrillos que les tocó en la construcción del Estado post dictadura. Discusiones diferentes que hacían a la necesidad de robustecer un edificio institucional lastimado. Contribuciones que incluso han sido útiles para que la legalización del aborto, a su momento, caminara. Sentencias de la Corte Interamericana de DDHH que avalan esto e integran el texto constitucional desde la reforma al mismo del año 1994 con consenso cercano a unanimidad. Cuando las bancas se hacen eco de las reivindicaciones, sucede.

Las inmediaciones del Congreso, pues, no engañan: tarde o temprano, parece, será ley.

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