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jueves 21 de junio de 2018 - Edición Nº1459
Opinión

Costó cara la obstinación

Autor: Pablo Papini

7 jun -

En Clarín, el viernes pasado, Marcelo Bonelli dio por confirmado lo que aquí se esbozara como hipótesis el día previo: que el FMI, al que el gobierno nacional ha corrido con desesperación a principios de mayo por la crisis externa que lo pone en peligro, exigirá, a cambio de prestar, domesticación partidaria absoluta en el Congreso Nacional. Lo sabe Miguel Ángel Pichetto. Por eso, en su discurso de cierre durante la última sesión del Senado, en la que se aprobó el freno a las tarifas que a las pocas horas fue vetado por el presidente Mauricio Macri, se atrevió a advertirle al oficialismo que, en lo sucesivo, le conviene cambiar su modalidad de funcionamiento, si es que acaso va a precisar del auxilio de su tropa. Así parece, confirmado que no les dan los recursos para tanto: reelección, desplegarse territorialmente más allá de sus actuales dominios, nuevo modelo económico. Sabe asimismo el rionegrino, porque tampoco para él fue sencillo el capítulo tarifario, que el clima es hoy otro. La exclusión de CFK de la vida pública, algo en lo que parecía empecinado quien fuera su coronel en la cámara alta entre 2007 y 2015, resulta sencillamente imposible. Por eso, también dijo Pichetto que el gobierno nacional tiene que dialogar “incluso con quienes quieren que todo salga mal”. Eso sería, en su entendimiento y en el del resto del sistema, el kirchnerismo.

Todos salen de la pelea por el precio de los servicios públicos distintos a cómo ingresaron.

El peronismo no kirchnerista senatorial se mantuvo unido sólo porque Macri les regaló una excusa perfecta al tratarlos como niños a los que Cristina Fernández llevaría de las narices. De otra forma, hoy hablaríamos de alguna ruptura. No convenía en el contexto de aquel insulto. Pegó en el palo, pero tampoco fue gratis. Las tensiones al interior de ese bloque derivaron en un endurecimiento de posiciones respecto del primer bienio CEOcrático. Varios allí reclamaban eso desde hacía tiempo: José Alperovich, Omar Perotti, entre otros. Es decir, personajes no menores. Que necesitan mostrar en sus provincias que no vienen aquí a facilitarles las cosas sin más a Balcarce 50.

El aviso, decíamos, lo dejó sentado Pichetto en su alocución. Aunque se aceptase que la administración de los gerentes no está obligada a pasar el acuerdo con el FMI por el Congreso, ello le demandará distintos gestos que deberá plasmar en el Presupuesto 2019. Y ahí sí que tendrá que charlar con al menos un fragmento la oposición. No tienen a mano más que al justicialismo no alineado con la presidenta mandato cumplido, se sabe. Pero ello no será tan sencillo con la sucesión del año que viene ya a la vista. ¿Cuánto más pueden seguir habilitándole cosas a Macri, ahora que los vientos vuelven a ser favorables a las tesis de la líder de Unidad Ciudadana, con quien les espera, si no una paritaria doméstica por el control del peronismo, al menos verse en las urnas generales? En cualquier caso, estamos en el umbral de escenarios novedosos, a releer.

Quienes no se han dado cuenta son los segmentos de Cambiemos refractarios a cualquier consenso. Es decir, la fracción que lidera el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Porque el giro político que se anunció apenas consumado el ruego a Christine Lagarde, queda claro, es, como anticipara Jorge Asís, mera cosmetología. Siguen primando las lecturas del ministro coordinador. Que adora descalificar a cualquiera que no tenga camiseta amarilla. No puede leerse de otro modo que la primera reacción posterior al veto reciente haya sido el agravamiento de la situación procesal de CFK en la causa que investiga la muerte del ex fiscal Alberto Nisman. Insistir con su desafuero tuvo como único horizonte pegar a los salvajes con los racionales, que ya han hecho saber su rechazo en la materia en ocasiones anteriores. No los atemorizaron, de todas maneras. Puro encierro en núcleo duro. Como a todos los gobiernos les ha sucedido… sólo que jamás se dio tan temprano.

“No esperen de nosotros lo que no hacen ustedes mismos, entonces”, les respondería Pichetto. Cuando la reacción en las redes sociales al último orador del debate tarifario en el Senado (el presidente del interbloque oficialista Luis Naidenoff, de Formosa) fue de entre indiferencia y hartazgo porque la polémica real ya había tenido lugar minutos antes entre Cristina y el caudillo del scrum de los gobernadores, se consumó la peor pesadilla del establishment. Soñaban un 2019 a medida entre los suyos y un otro modosito, y puede que haya litigio exclusivamente peronista. Con los indeseables incluidos. Podía fallar. El bolsillo estrangulado acaba de pasarles la factura de la soberbia.

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