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jueves 21 de junio de 2018 - Edición Nº1459
Opinión

Tarifazos, veto, ¿y qué más?

Autor: Pablo Papini

31 may -

Cuando en esta columna se escribió, hace algo más de un mes, sobre el drama que representaba para el gobierno nacional el dictamen anti-tarifazos elaborado en la Cámara de Diputados, que sintetizó 26 iniciativas peronistas contra los aumentos de servicios públicos en una sola, no se pensó, sin embargo, que despertaría tanto enojo en el mismísimo presidente Mauricio Macri. Faltaba una novedad: por aquellos días recién se iniciaba la corrida cambiaria que, al cabo de pocas semanas, depositaría al país de vuelta en, como lo definió José Luis Espert, la B: el Fondo Monetario Internacional. También se olía, a propósito de la bruta devaluación que el establishment forzó ayudado de las inconsistencias macroeconómicas amarillas, que se echarían culpas por ello a aquel consenso opositor. Pero, se insiste, sorprende la magnitud de la furia.

Es evidente que el dato crítico del nuevo escenario es la aparición del FMI. ¿Qué tanto puede molestar a Macri tener que vetar el freno a los tarifazos, si la posición política que implicaría tal formalidad ya la asume a viva voz? Con o sin esa decisión, no hay quien no sepa el nombre del responsable de la medida. El ex alcalde porteño no se ha puesto colorado para defenderla. Habría que revisar mejor, pues, para entender la deriva (casi hasta el insulto) del inquilino de Balcarce 50, la gravedad real de la situación económica que lo obligó a correr hacia los brazos de una Cristina que no le cae tan mal como su antecesora Fernández de Kirchner, pero que le acarreará dolores de cabeza peores: Lagarde, la titular del prestamista de última instancia.

¿El FMI exige, a cambio de prestar, domesticación partidaria absoluta a un programa de ajuste? Se puede decir cualquier cosa acerca de dicho organismo, menos que sean ingenuos. Buscarán cubrirse ante la eventualidad de un giro en Casa Rosada. Y eso se consigue sólo si el acuerdo para la regresión es transversal. ¿Tan grave sería que no llegasen las divisas que se están pidiendo? ¿Acaso no se cansó el plantel de la CEOcracia de asegurar que se recurría a ellas sólo por precaución, y no porque efectivamente se esté ante un peligro concreto inminente?

Macri es víctima de sus propios errores. Aconsejado por el dúo Jaime Durán Barba-Marcos Peña, desistió de una Moncloa con el justicialismo no-kirchnerista que ayudara a tapar los posibles agujeros de un ajuste, que ahora aparecen por todos lados. Mientras duró como prioridad mayoritaria la supuesta necesidad imperiosa de castigar a CFK, zafó de todo. Desde que, tras la renovación legislativa de 2017, se le está tomando examen a él, y empieza a quedar claro que no tiene otro recurso que agitar un miedo que ya no existe, hace agua. La convocatoria a un sacrificio no brilla. Ahora nadie acude a ella sencillamente porque no conviene. Y se acumula en sentido contrario. No se trata de que nadie vaya detrás de la presidenta mandato cumplido.

Como les gusta decir a los sociólogos, es más compleja la cuestión. De hecho, hasta aliados cambiemistas como Elisa Carrió y el gobernador mendocino Alfredo Cornejo llamaron la atención de Olivos por las tarifas. Y ha pesado también el amateurismo oficialista para el juego parlamentario. En la cámara baja perdió cuatro veces, y por ende alargó, una votación que podría haber liquidado de una sola vez y velozmente. Si un expediente desgasta, lo mejor es quitarlo del centro de la escena pronto. Y eso no se logra inventándole causas al rival para disputar los flashes con un tema distinto. Lo mismo puede concluirse de exponer angustia desmedida por el asunto. Preferible asumir la derrota, de la que el palacio legislativo es sólo caja de resonancia. Y al mal trago, darle prisa. El capricho en contrario es ejemplo de varias desavenencias que terminaron hartando a Emilio Monzó. Y la frutilla del postre: una administración en minoría que toma a quienes podrían auxiliarlo como niños a los que llevan de las narices. Cartón lleno para que todas las desgracias se conjugaran en contra de las proyecciones de Cambiemos.

En definitiva, se han congregado con aroma bienestarista cristinistas, massistas, representantes de los gobernadores --algunos ex FpV y otros opositores más rabiosos como Carlos Verna y Alberto Rodríguez Saá--, y el Movimiento Evita. Y ello supone un escollo durísimo para las aspiraciones macristas que se han transformado en urgencias. La embestida para evitar la caída llegó al extremo de amenazar a Miguel Ángel Pichetto, clave de la gobernabilidad 2015/2017, desde el diario La Nación, con los problemas judiciales de su hijo.

Algo pesado tiene que haber detrás de semejante patada.

De no creer el descascaramiento de lo que presumió de ser una hegemonía.

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