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lunes 22 de octubre de 2018 - Edición Nº1582
Opinión

Maquillaje

Autor: Pablo Papini

24 may -

Miguel Ángel Pichetto apenas logra mantener unido a su bloque en el Senado. Se trata de una mera formalidad, porque ya cada quien hace allí lo que le viene en gana. Los divide la postura respecto del gobierno nacional. Mientras el rionegrino hace hasta lo imposible por convencer a la tropa de Mauricio Macri de una Moncloa que garantice el ajuste, la pérdida de consenso de tal programa en la calle hace que varios justicialistas ya no consideren conveniente ello ni aunque viniera acompañado de guiños amarillos en los territorios. Si antes era riesgoso porque exponía a los opoficialistas al enojo de los afectados por la regresión mientras el cambiemismo no renunciaba a ser competitivo entre su sociología en lo local --que acompañaba con más fuerza--, ahora que el rechazo creció transversalmente se diluyó cualquier atractivo para ese negocio.

Cuidado con el futuro del scrum pichettista en la cámara alta: si no se unifica postura en relación al futuro, es posible --se verá si también probable-- que se verifiquen allí nuevas rupturas.

Marcos Peña, por su parte, salió a avisar, a través de terceros, que eso del regreso de la política y el paso atrás del duranbarbismo no es tan así. La promoción de Nicolás Dujovne a la coordinación de las distintas áreas con incumbencia económica apenas tiene objetivo ordenatorio. Ahora manda el FMI, y el ex columnista de Carlos Pagni es quien cultiva dicha amistad. Ahora bien, ¿qué tan distinto era esto antes de que la CEOcracia fuera corriendo a tocar la puerta del prestamista de última instancia? Así como no necesitaron de un Mundial de fútbol para hacer la reforma jubilatoria e intentar la laboral en diciembre pasado, tampoco les es vital ahora el organismo de crédito internacional --de triste memoria en nuestro país-- para lo que ya la política ha emprendido en estos dos años y monedas de cambio.

Sucede que el plan es inconsistente, más allá de injusto para las mayorías. Es posible la convivencia de ambas situaciones. Y así ha sido. A lo mucho, el Fondo corregirá esto último.

Desde el anuncio del supuesto giro tradicionalista, sólo hemos tenido noticias sobre una presentación de ANSeS en el expediente judicial en que CFK reclama desde 2016 el pago de la pensión de ex presidente de Néstor Kirchner en simultaneo con su propia jubilación de jefa de Estado mandato cumplido, nuevas embestidas de tribunales contra Hugo Moyano y una represión contra los trabajadores del subte porteño que no aceptan el techo salarial de 15% cuando ya ni el Banco Central cree en la meta inflacionaria, y las apuestas de los privados a propósito se estiran hasta el doble, y algunos se arriesgan a 40%, como en 2016.

Salimos del supermartes con mensaje oficial de éxito, aunque hasta José Luis Espert niega semejante lectura. Pero, sobre todo, con la presunta novedad de una supuesta reconfiguración en la modalidad de funcionamiento del gobierno nacional. Que pasaría del modernismo de la big data a lo acostumbrado que indican los manuales de la rosca. Podría discutirse la mayor o menor veracidad de la versión, que en el tercer párrafo de esta nota queda desmentida, pero lo importante es lo que se dice en los dos iniciales del texto: aún si fuesen reales las intenciones del macrismo, ya la mayoría de quienes necesita para una Moncloa funcionan en otra sintonía, con mayor o menor velocidad. Así como, si bien no surgió una hegemonía de las elecciones de 2017, gran parte de la dirigencia creía lo contrario, y ello fue clave para la sanción del ajustazo jubilatorio pese a que las calles despertaron a los dormilones a gritos y casi logran el milagro; ahora lo importante no es tanto que las razones estructurales de la crisis económica cambiemista, lejos de superarse, se han agravado. Lo fundamental es que han perdido más terreno todavía las ideas que maneja la administración de los gerentes para superarla. Y en ese marco, el FMI no podrá más que hacernos zafar del choque: difícilmente consiga clima reeleccionista. Al menos desde los números del bolsillo. Siempre con cautela de no dar por muerto a nadie hasta que de veras pase, especialmente a un espacio que ha sabido echar por tierra con varias fijas.

De hecho, hasta en Balcarce 50 parecen estar de acuerdo con esta tesis: los palos a los metrodelegados no pueden leerse de otro modo que como refugio en el núcleo duro.

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