Actor Político
www.actorpolitico.com
sábado 21 de julio de 2018 - Edición Nº1489
Opinión

Gran Arrugue Nacional

Autor: Pablo Daniel Papini

17 may -

La revolución ha sido derrotada pero el gobierno está muerto”, dijo en 1890 el senador roquista cordobés Manuel Pizarro sobre la Revolución del Parque yrigoyenista y el gobierno de Miguel Juárez Celman. Parafraseándolo, se podría decir sobre la crisis cambiaria de estas semanas --que es en realidad la expresión de la inconsistencia estructural del modelo macrista-- que la misma ha sido postergada pero el marcospeñismo está muerto. No se puede concluir otra cosa de la novedad del jefe de Gabinete anunciando la convocatoria a la oposición no kirchnerista a un llamado gran acuerdo nacional durante la licitación de Lebacs. Un casi Día D que el Banco Central apenas logró que no fuera incendiario mediante el despliegue de una batería gigantesca de gambetas cortas. Lo cual sólo confirma la debilidad esencial de la macroeconomía amarilla y que el gobierno nacional no hizo más que comprar algo de tiempo al costo de agravar aún más los dramas que lo acorralan.

En efecto, Peña, aconsejado por Jaime Durán Barba, encabeza en la CEOcracia el ala que se ha negado sistemáticamente a una Moncloa que blindara la regresividad para que el establishment financiero global del que depende el programa económico vigente tuviera garantías suficientes. Cuando no las hubo, se aceleró una debacle que, tal como está montado el esquema, podía y todavía puede demadrarse en cualquier momento porque todo está atado con alambre. Ahora el macrismo tiene que ir hacia el consenso con la oposición dialoguista obligado. Con lo que, obvio, su capacidad para imponer condiciones es menor que si la hubiese encarado en la buena. Así y todo, es dudoso que consiga algo más que el dinero necesario para no chocar. El recalculo obligó a pedirle el regreso al mismo Emilio Monzó, ducho en estas artes y al que hacía nada habían forzado a emigrar, porque se habían definido por una tesis decisionista en la que el diputado no cabía.

El justicialismo que no responde a la presidenta CFK seguramente se muestre amistoso, probablemente consiga armisticios del PRO en algunos territorios (lo que a su vez disparará conflictos en Cambiemos, porque la UCR entró allí para al menos recuperarse subnacionalmente), pero está por verse la permeabilidad que pueda ofrecer para contratos ajustistas ahora que las acciones del actor que encarna eso están en baja, y por consiguiente también las de tal recetario. Conviene recordar que esa fracción del movimiento fue llevado a otro GAN apenas pasadas las elecciones pasadas. Por las malas. Se lo bautizó entonces reformismo permanente, y el objeto era idéntico: profundizar la regresión en curso. Era firmar eso o Comodoro Py para ellos, como ya le ocurre al kirchnerismo. La reacción en las calles contra la reforma jubilatoria fue juntando votos de diputados del bloque de los gobernadores que capturaron ese giro climático hasta casi voltearla, luego de haberse arrancado aquel debate con ventaja cómoda para la iniciativa oficial.

¿Por qué iría más lejos la cosa ahora si el desgaste de ese ideario ha avanzado, y a nadie le conviene quedar pegado a ello si proyecta ganar competitividad? ¿Por qué si el macrismo, en caída libre hasta la figura de María Eugenia Vidal, ha demostrado no ser confiable para los acuerdos? ¿Podrá en ese marco exigir gestos que pudieran devolverle aire de quienes serán sus rivales?

Sin Cristina Fernández en esa mesa, poco pueden esperar quienes no forman parte del club de los dueños del país; es decir, la amplia mayoría de la población argentina. Salvo raras excepciones, nunca han tenido esas convocatorias otro fin que el de repartir los costos de retrocesos sociales. Ergo, está claro a qué apunta su exclusión del llamamiento que se vio forzado a hacer Peña. Pero no harían bien quienes lo auspician si depositaran muchas expectativas allí. El frente externo sigue extenuado, la circulación de pesos creció de vuelta, la licitación de Lebacs venidera será más estresante por si ésta no hubiera sido suficiente. Llegará el blindaje para eludir que esto acabe por las malas, pero ya avisó Carlos Melconian que irán a 2019 con recesión e inflación a cuestas. Inédito para la administración de los gerentes. Los intereses que los auspician pueden esperar, y llegar en paz no será poco. Podrán volver a intentarlo. Les toca ahora aguantar que se hable de déficit de dólares y ya no sólo fiscal, y la pelea que sigue es por la interpretación de esta crisis: nada en cuanto a la solución del estrangulamiento de divisas viene con liberalismo. Hegemonía hecha pedazos.

¿Quién hubiese imaginado en Olivos que el lejano triunfo de 2017 traía la semilla de la implosión?

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias