Actor Político
www.actorpolitico.com
miércoles 19 de septiembre de 2018 - Edición Nº1549
Opinión

Imaginar la esperanza

Autor: Lucio Fernández Mouján

14 may -

Papá Noel es el FMI

La neutrónica ya explotó y el gobierno está viendo cómo zafar. El riesgo país, el movimiento del dólar en los zócalos de los canales de noticias, los medios financieros internacionales recomendando salir de la Argentina y el llamado desesperado al FMI para que dé garantías políticas al modelo económico. Las preguntas que surgen es hasta dónde llegará esta crisis, cuándo se estabilizará. De lo que quedan pocas dudas es que algo cambió, que nada será como fue hasta ahora para el gobierno.

Se pueden conjeturar algunos hits de las crisis: azuzar un enemigo, impulsar iniciativas originales que construyan agenda, revivir muertos. Pero hay algo que se perdió en esta tormenta y parece no volver: la esperanza. Se sabe que este gobierno no vive del presente, sino de las expectativas. El gobierno construyó un imaginario sustentado en la idea del “mejor equipo de los últimos cincuenta años”. No obtuvo ningún logro en los dos años que lleva gobernando, pero la idea de que habían reunido un dream team se mantenía. Parece que ese dream is over.

La esperanza está vacante

Cambiemos ganó porque fue la opción no kirchnerista que podía ganarle. Pero no sólo por eso. Diseño un futuro mejor. Hace unas semanas Martín Rodríguez rememoraba la película chilena sobre la campaña por la no continuidad de Pinochet. Uno de los nudos centrales giraba en torno al vínculo del publicista con los organismos de derechos humanos. El “no” debía ser optimista, no trágico. Cambiemos se paró sobre un no pero construyó un sí (se puede).

En el amanecer kirchnerista hubo una consigna, “organizar la esperanza”. Bella y precisa. El ignoto presidente iba por delante de las organizaciones, marcaba la agenda de la época. Los militantes de entonces debíamos tejer lo que generaba. Hoy parece que el camino debería ser el inverso.

Un programa para mi país

Se abre el telón de la opción opositora hacia 2019. De golpe. Y por lo que se ve no hay tiempo para actores nuevos. Algunos aparecen y se quieren mostrar: Rossi, Urtubey. Pueden aspirar al premio revelación y hasta ser protagonistas, pero sólo si los experimentados no quieren participar. Cristina, Massa y hasta Lavagna esperan, quieren vaciar un poco su significante.

Una enseñanza que dejan los (mis) años mozos de militancia juvenil es que no se puede salir a la calle sin una política, una idea política. Carga de energía, de convicción y permite sumar (no sólo dejar de restar). Cuando se hablaba de “el candidato es el proyecto” estábamos ante una idea política. Pero errada. El “proyecto” sólo convencía a los convencidos. Y Scioli, que debía aportar novedad, un cambio en la continuidad, quedó corrido de la consigna. Tampoco el candidato ayudó demasiado. Pero, errada o no, esa idea política permitió salir a la calle con energía.

Hoy no tenemos candidato o candidata, no podemos organizar la esperanza, pero está en disponibilidad y hay que imaginarla.

Construcción de consensos

La ley que ya pasó por la cámara de diputados que limita el aumento de tarifas ilumina algunos aspectos hacia adelante. La contundente victoria 133 a 98 fue resultado del diálogo entre los bloques opositores, en parte producto de la irresponsabilidad del ministro Aranguren. Pero también del proyecto consensuado. Un proyecto que no fue de volver atrás con todo y retomar el esquema de ampliación de subsidios. La discusión no sólo se ganó en el Congreso, sino también en la opinión pública. Por eso la ausencia del bloque de la Coalición Cívica.

Desde el Congreso y desde la calle se puede construir una opción. Para eso hay que profundizar el diálogo y elaborar propuestas que ganen consensos en la opinión pública. Ni oposición testimonial ni opo-oficialismo.

Otro camino

Hasta ayer las elecciones eran mañana. Ahora falta una eternidad. Del interminable mes de lluvias pasamos a un invierno que durará más de un año. El gobierno dice que hay sólo una salida, el ajuste y la deuda. Pero siempre hay dos.

El gobierno perdió credibilidad y la capacidad de ilusionar, de magia. La sociedad creyó por un tiempo que la “vuelta al mundo” podría mejorarnos la vida. Pero ya se le ven los hilos a la escenificación. En el futuro tendrá que estabilizar el dólar y batallar contra la inflación y los reclamos sociales mientras reduce el déficit fiscal. Tiene la carta Vidal y sueña con vivir un rebote de la crisis autogenerada antes de las elecciones. Pero ya no habrá globos de colores.

Mientras tanto, la oposición no puede quedarse sin política. Sin candidato, la tarea parece encaminarse a construir el traje que le entre. Una salida económica que rompa el encorsetamiento liberal, que tome las demandas de los sectores movilizados, que observe el mundo que se viene y analice el país que se tiene. Que revise los errores que nos llevaron a la restricción externa y que también aproveche el saldo organizativo que dejó la etapa anterior.


Lucio Fernández Mouján es polítologo y miembro del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política del Instituto Gino Germani, UBA. También intergra el Programa de Economía Popular y Tecnologías sociales - UMET/CITRA

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias