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miércoles 19 de septiembre de 2018 - Edición Nº1549
Opinión

El rostro político de la corrida

Autor: Pablo Papini

3 may -

Si el gobierno nacional fracasa con el ajuste tarifario --y puede que así sea--, con lo que todavía le falta en materia jubilatoria --que viene en cuotas-- y con la flexibilización laboral (sobre todo si Lionel Messi y los suyos no tienen un buen Mundial de Rusia, durante el cual planean discutirla, creyendo que así distraerán la atención ciudadana al respecto), no tardarán en oírse reproches contra los distintos fragmentos opositores. En efecto, al ser el macrismo una administración de minorías, requiere tanto de votos legislativos ajenos como de la mano de tribunales que convaliden sus iniciativas; en especial, si éstas se saltearan la instancia del Congreso nacional y/o pusieran en juego derechos fundamentales: en la CEOcracia ha habido y hay mucho de ambas cosas.

Durante la campaña presidencial de 2015, el economista Carlos Melconian, que entonces formaba parte del riñón macrista (y por ende puede ser tomado como referencia válida del pensamiento de esa familia, siendo que fue corrido de su puesto no por eso sino por desacuerdos en cuanto a modalidades de ejecución), fue claro: el gasto público, explicaba, estaba desmadrado por culpa de los subsidios tarifarios y de la inclusión jubilatoria. Justamente, los dos capítulos más conflictivos de la agenda amarilla. Y aquellos a los que más empeño dedica. Mauricio Macri vetará cualquier alivio que la unidad opositora pueda imaginar en materia de aumento de servicios públicos y los proyectos de ley mal llamados de reforma laboral vienen con nuevos golpes a ANSeS. No hacen falta, pues, más pruebas acerca de sus intenciones en lo que hace a poda de gasto.

Visto desde la perspectiva del mercado, puede que sea correcto achacarle a la oposición la corrida que el segmento más ortodoxo del establishment, que se expresa en el actual oficialismo, provocó desde comienzos de la semana pasada, justamente cuando se hizo evidente que el tarifazo no tiene viabilidad asegurada. El repago de la deuda externa, eje esencial del programa económico en curso, impone el ajuste para garantizar los recursos necesarios con que adquirir los dólares para dicha devolución. Sobre todo ahora que se está cerrando la canilla del financiamiento global. Un sistema partidario que no luce comprometido con tales sacrificios genera un tembladeral. Las devaluaciones de Emilio Monzó y Miguel Ángel Pichetto, promotores de una Moncloa nacional que diese estabilidad a la hoja de ruta de los recortes, son la cara política de lo que sufre a esta hora la moneda.

En ese sentido, también se escuchas críticas al ala dominante del cambiemismo (Marcos Peña-Jaime Durán Barba), por su negativa a incorporar a los sectores no cristinistas del peronismo, para que el programa no corriera los riesgos de la incertidumbre que se vive desde fines de 2017, lo que imponía cederles ciertos espacios de poder. Sencillo: no hay estímulo a convalidar cosas poco taquilleras si encima se te serrucha el territorio. Les achacan que esa angurria, que desaprovechó la cresta de la ola de paciencia popular, puede hacer que todo se vaya al diablo.

Hasta el año pasado, el castigo al kirchnerismo venía dominando las agendas dirigenciales. De allí en más, parece estar madurando un clima apto para que las mayorías vuelvan a ser de otro signo. Amigables para con el bienestarismo. Falta que los nombres propios terminen de tejer.

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