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domingo 20 de mayo de 2018 - Edición Nº1427
Opinión

26 en 1

Autor: Pablo Papini

26 abr -

Los detalles del juego legislativo son lejanos para la mayoría del público, pero lo sucedido estas últimas dos semanas en el Congreso alrededor del conflicto por los tarifazos expresa (y a la vez impulsa) giros políticos llamados a impactar fuertemente en la vida de la sociedad. La unificación peronista en este asunto le mostró los dientes al gobierno nacional como nunca desde la asunción presidencial de Mauricio Macri. Primero, demostró que puede hacer funcionar la Cámara de Diputados al margen de la opinión de Casa Rosada. Luego, elaboró una propuesta común. Paso a paso, como enseñara Reinaldo Mostaza Merlo. Se trata de novedades.

Cambiemos leyó mal el resultado de 2017. Llegó a aquellas elecciones montado sobre la ola, no de un ajuste como el de su primer año (y que retomó a poco del comicio de medio mandato), sino en una corta fase expansiva que indujo, justamente, para afrontar mejor la instancia de las urnas. Parecía que por fin se cumplía la letanía liberal de que el sacrificio, a la larga, trae bienestar. A pocas semanas de aquello, cuando quiso recuperar la senda regresiva con --entre otras cosas-- la reforma jubilatoria, la calle reaccionó fuerte. Esto no era lo acordado, le gritaban. Tampoco a este aviso le prestó atención el Presidente. Un nuevo mamporro al bolsillo está siendo litigado afuera de los palacios, pero con obvias repercusiones dentro de ellos.

Cambió el clima, en definitiva. También se aceitó la rosca justicialista, tal vez en parte influenciado por ello. Y resulta que una viga estructural del edificio oficialista es la división del adversario. Si eso se solucionara, obligaría a reconsiderar todos los análisis. Y va queriendo.

El macrismo está ante una encrucijada fenomenal: si afloja en materia tarifaria, se debilitan sus bases de sustentación; pero si, en cambio, insiste, le ofrece al peronismo una ventana de oportunidad para solucionar su dispersión. El vice de Nicolás Dujovne acaba de renunciar para volverse a vivir a EEUU. Hay otros, incluso al interior de la alianza gobernante, que tienen que seguir viéndose todos los días con sus vecinos. Se angostó el margen para maniobrar.

En cuanto a este tema, Olivos ha ingresado en una dinámica errática de la que no acierta a salir con ninguna de las movidas que intenta, similar a la que afectó al kirchnerismo durante la 125. No mata la polémica con nada de lo que ensaya. Cuando, a comienzos de su ciclo, se vio acosado por las iniciativas antidespidos, acordó ¡con el bloque de CFK en la cámara baja!, habilitó esa votación, pagó rápido el costo del veto y sacó la cuestión de escena. Ahora no lo logra. Lo que pagaría en cualquier caso por fulminar la hipotética aprobación opositora de un texto anti-tarifazo, lo sufre igual por goteo, y eso es peor: extiende el desgaste.

Una sola cosa debía cuidar el cambiemismo cuando comprobó, la semana pasada, que el justicialismo no-kirchnerista estaba dispuesto a salir en la foto con Cristina: su vínculo con los gobernadores de esa familia, que le ha dado éxitos parlamentarios. Al revés, no se le ocurrió mejor idea que culparlos por el drama que causó en materia de servicios públicos por propia y exclusiva voluntad. El resultado de esa torpeza fue que 26 proyectos de ley sobre tarifazos que se registraban con firmas de distintos segmentos peronistas se redujeron en uno sólo. Quizá no suena obvio, pero es un hecho de magnitud superlativa semejante grado de síntesis teniendo en cuenta la disputa de poder natural de la política y el contexto del que en particular se viene.

No es casual que los coroneles legislativos amarillos ya no consigan otra cosa que patear la pelota a la tribuna. Como cada vez le cuesta más generar consenso para tanto que pretende avanzar. A muchos de los justicialistas cuyos votos requiere, pues sigue siendo minoría, el oficialismo también planea desbancarlos de sus territorios: les piden mucho por nada o migajas a cambio. O prisión, como le pasó a Eduardo Fellner. El mega-DNU no fue, en este entendimiento, un error: Cambiemos es en esta etapa el decisionismo de Macri y Marcos Peña, y a suerte y verdad con las encuestas. En ese esquema, que prescinde de arquitectos que tiendan puentes con los adversarios, es evidente, sobra Emilio Monzó.

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