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domingo 24 de junio de 2018 - Edición Nº1462
Opinión

Pichetto y compañía en el espejo de Lula

Autor: Pablo Daniel Papini

12 abr -

El proceso de ingreso en prisión de Lula da Silva en Brasil coincidió por algunas horas con la reunión del peronismo no kirchnerista en Gualeguaychú. Pensar ambos episodios en conjunto puede servir para intentar establecer el significado de ese intento de renovación justicialista. Miguel Ángel Pichetto y compañía no ponen otro requisito para el ingreso en su grupo que el rechazo a Cristina Fernández y a la organización que conduce su hijo Máximo Kirchner, La Cámpora. Basta con verbalizar eso para ser admitido allí. Se trata de un colectivo en el que no corre el antikirchnerómetro: se puede pertenecer aunque se hayan ocupado casilleros relevantes durante aquellos gobiernos. Es el caso del rionegrino, jefe de los senadores del Frente para la Victoria de principio a fin de la década ganada, y que hasta se sumó al faltazo a la asunción de Mauricio Macri, en solidaridad, explicó, con su entonces conductora; y de Diego Bossio, titular de ANSeS en el mismo lapso --tercera caja del país detrás de la nacional y la de provincia de Buenos Aires--, quien presumía de ser un mimado de la presidenta mandato cumplido. Y que tal vez supuso que con eso le bastaría para ser ministro de Economía desde 2013, en vez de Axel Kicillof, para procurar pilotear un aterrizaje suave del modelo; o candidato a gobernador bonaerense dos años más tarde. Ninguna de las dos le tocó. Tampoco Pichetto ganó Río Negro en 2015, por lo que culpa al atraso cambiario que habría inducido el último jefe de hacienda cristinista. También había perdido allí en 2007 con dólar ultra competitivo. Preguntas que no se hacen, se reitera, porque con el repudio a la actual senadora y a los suyos sobra.

Con todo, lo más alarmante en los postulados del colectivo anticristinista no es el repudio a Unidad Ciudadana en sí. Llama la atención en dirigentes peronistas tanto esmero por convencer de que son una variante del movimiento “que respeta los bordes del sistema". Una frase bastante delicada en el marco de un gobierno que tiene medio gastada la pastilla de los frenos inhibitorios.

Entendiendo que el justicialismo ha sido siempre la representación de los excluidos, y que en los términos actuales "el sistema" excluye, ¿no hay una ahí una contradicción insalvable? ¿Puede el peronismo constituir, sin más, una alternativa acomodada a los topes de un esquema dado, o su causa es la reformulación de dichos límites, a los fines de conseguir la inclusión de sus bases? El debate por la aceptación del establishment divide a los herederos del general Juan Domingo Perón desde el retorno de la democracia. Hace a la naturaleza misma del espacio. Ahora bien: la negativa de estos renovadores a litigar en un marco compartido con CFK, ¿responderá a que la posición que deberían defender en tal polémica es vergonzante? ¿A qué se debe, si no?

Desde el Partido de los Trabajadores tal vez podrían auxiliarlos. Lula sacó de la pobreza a decenas de millones de sus compatriotas. Y consiguió, tal como lo había prometido, garantizar las cuatro comidas diarias para todo el pueblo brasileño. Ése es el único motivo de su encarcelamiento en un proceso que se ha puesto al Estado de Derecho de sombrero. Pero, si bien quienes golpearon contra Dilma Rousseff llevan por estas horas el ajuste regresivo a niveles demenciales, no debería perderse de vista que fue la propia anterior presidenta quien comenzó con los recortes. Suponía que con eso calmaría a las fieras, que ya en la campaña por su reelección mostraban los dientes. No fue así. Al revés, desmovilizó a quienes podrían haberla defendido cuando era contrapesar la rosca de palacio. A Cristina le recomendaban aflojar acá, promediando la segunda mitad de su mandato final. No cedió. Tampoco fue suficiente. Pero, si bien sufre igual persecución que sus pares del país vecino, al menos conserva el galardón de no haberse traicionado. Es que no pasa el asunto por acordar o no con quienes, de todas maneras, terminarán embistiendo porque entienden que sus intereses son irreconciliables con los de los populismos. Corregir no equivale a calcar el proyecto ajeno. Es una forma tan efectiva como la persistencia en el error para perder el control de la palanca.

Y si de todos modos se va a perder, y no queda sino elegir cómo, mejor que sea sin arriar banderas.

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