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domingo 19 de agosto de 2018 - Edición Nº1518
Opinión

Los hilos que van moviendo al nuevo Congreso

Autor: Pablo Papini

6 abr -

El fallo que dispuso las liberaciones de Carlos Zannini y Luis D’Elía se proyecta sobre Cristina Fernández de Kirchner, procesada y a la espera de juicio oral como ellos en la misma causa (Memorándum de Entendimiento con Irán; buena idea jurídica, políticamente ingenua). Claudio Bonadio había pedido la prisión preventiva de la presidenta mandato cumplido, cual lo hizo con su ex secretario de Legal y Técnica, con el dirigente social de Miles y con otros, pero a ella la protegen sus fueros de senadora nacional por provincia de Buenos Aires. Ese trámite aún duerme en la cámara alta, pese a que en su debut en ese recinto en diciembre pasado la dama en cuestión desafió a sus pares a que, si así lo deseaban, lo tratasen en ese mismo momento. Nadie se atrevió: ni aquella tarde, ni hasta el momento. Y lo más probable, dado que en la nueva instancia del proceso la cosa se ha dado vuelta en dicho aspecto, es que nunca caiga esa inmunidad. ¿Quién está detrás?

¿El macrismo, para que el show de los presos del pasado haga más digerible el ajuste? ¿O el segmento de peronismo que gerencia Miguel Ángel Pichetto, para tener en la palma de su mano a la líder de Unidad Ciudadana y así evitar que, de vuelta aquella en una banca, les complique su estrategia de acuerdo permanente con el oficialismo, denuncia de sus consecuencias mediante?

La respuesta a esa pregunta quizá ayude a comprender la dinámica de otros acertijos. El tribunal que definió las excarcelaciones de Zannini y D’Elía se hizo cargo del asunto porque, antes, la Corte Suprema de Justicia había volteado a otro que había llegado a tal sitio por una iniciativa legislativa del cambiemismo que convirtió tribunales ordinarios en federales. Uno de los cuales, ¿casualmente?, había recibido ¿en suerte? las acusaciones más sensibles contra CFK. Dicho sencillo, algo que se parece demasiado a juzgar a una opositora mediante una comisión especial. Otra garantía constitucional relativa al debido proceso arrasada, y van. El máximo tribunal frenó eso, y dijo que en otros casos podrá hacerse sólo si hay nuevo acuerdo… del Senado. Donde amarillos y pichettistas empatan en mayoría, con 25 asientos cada uno. En criollo, la cosa no siguió avanzando por angurria del presidente Mauricio Macri, quien deberá de aquí en más repartir las nuevas designaciones.

El justicialismo de los gobernadores explica su voto a favor del mega DNU privatizador CEOcrático en Diputados por lo que llaman re envalentonamiento kirchnerista, expresado en la cumbre de San Luis, que habría estado “llena de impresentables”. Se sabe, la causa del opoficialismo sería que, como Cristina Fernández no se allana a discutir los nuevos términos del peronismo pos 2015 de igual a igual (o sea, correrse ella de la conducción del conjunto y reducir la significación de su sector en las listas), se gana tiempo sosteniendo al gobierno nacional, minoritario legislativamente. Porque se supone que, siendo Cambiemos la perfecta contracara del Frente para la Victoria, es ésa la única manera de lijar a los segundos para sentarlos a la mesa, pero desjerarquizados.

¿Cuál es el hilo que conecta todos estos episodios? La centralidad de la antecesora de Federico Pinedo en Balcarce 50. Desde 2013 la política está fragmentada, si no en tercios, en partes que hacen del balotaje una realidad inconmovible. Ni Cambiemos ni el FpV se bastan por sí solos para triunfar, entonces dependen de la capacidad que puedan ir construyendo para seducir a una cantidad de ciudadanos oscilantes que, de momento, y quién sabe hasta cuándo, se inclinan por el actual oficialismo porque el dato dominante de la hora sería el hartazgo respecto del cristinismo. Esto último habría que reexaminarlo a partir de la reacción social que hizo tambalear el hachazo jubilatorio de diciembre último, a poco de unas elecciones de medio mandato que Macri creyó que le habían habilitado acelerar la regresión. En aquella oportunidad, la calle movió votos. Con el decretazo no sucedió igual, pese a que es la continuidad de la reprivatización previsional que se puso en marcha con la mal denominada reparación histórica. ¿Sólo se debe a que CFK no termina de hacerse a un lado, suponiendo que ésa fuese la clave, o hay además algo que leer de sus rivales internos?

Es cierto que los espacios más antimacristas esta vez no supieron transmitir abajo lo que sucedía en los pasillos del Congreso. Pero, asimismo, no dudando nadie de que el clima es hoy otro en relación al primer bienio de la administración de los gerentes, tampoco se ha advertido que el justicialismo no kirchnerista haya reconfigurado su hoja de ruta en algún sentido. Más claro: pareciera haber bastante de vagancia y de falta de imaginación allí para ofrecer alguna alternativa.

Ese peronismo parece convencido de que debe esperar a que el declive oficial se haga todavía más agudo, y que cuando ello ocurra la representación emergerá sola. ¿Y si esa hora no llega en 2019? ¿Y si llega pero las mayorías los identifican como co-responsables del naufragio, porque en la práctica están metiendo los dedos en el enchufe por voluntad propia? El FpV-PJ, a través de Cristina y de Agustín Rossi, procura traducir el descontento que palpa en proyectos de ley. ¿No es ésa la forma porque pone a una figura altamente repudiada, según se dice, en primera plana, y eso obstruye formar mayorías? Tal vez. ¿Cuál sí lo sería? ¿Funcionar como la otra opción de una transformación social a la chilena, de desigualdad sistémica indisponible, cuando hay demostraciones numerosas de que existe plafond social para cerrarle el camino a esa mutación? El tema ya no es lo que haga o, más bien, deje de hacer la esposa de Néstor Kirchner, sino si el resto del justicialismo tiene virtudes y, sobre todo, convencimiento de expresar lo que, según ellos, los K ya no saben cómo llevar.

En lo que específicamente hace a lo legislativo, se insiste, la bancada de los gobernadores creció, y de momento se propone acompañar al gobierno nacional a cambio de modificaciones cosméticas a sus iniciativas que nada han logrado para morigerarlas. La de Sergio Massa, al revés, se ha encogido, y, como oscila entre mostrarse más contestataria y su temor a quedar pegados al FpV-PJ, luce perdida. Le pasó con el mega-DNU. Su auxilio a Cambiemos allí fue menor, pero a cambio de nada, y el discurso final desencajado de Graciela Camaño fue la imagen de tal desconcierto. ¿Tienen algo distinto que ofertar, o se conforman con negociar los sitios que corresponden a la oposición en diversos departamentos del Estado para sobrevivir a base de renovación de contratos?

El tablero electrónico del Congreso no miente. No se trata de cantidad de legisladores. La amonestación por negar ayuda a Macri ya no amenaza ser contundente. Poder es, antes, querer.

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