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sábado 23 de marzo de 2019 - Edición Nº1734
Actores

Lucila De Ponti: “Tenemos que cuestionar nuestras prácticas partidarias para que el feminismo sea parte de la cultura política del peronismo”

Autor: Lucio Fernández Mouján

19 mar 2018 - El politólogo Lucio Fernández Mouján entrevistó a la Diputada Nacional Lucila De Ponti para Actor Político.

Lucila De Ponti es rosarina, del Movimiento Evita, y una de las legisladoras que promueve activamente la despenalización del aborto. En el 2015, su espacio político decidió que sus legisladores en el Congreso de la Nación tenían que ser la voz de los movimientos sociales y los trabajadores de la economía popular y así fue como iniciaron su actividad parlamentaria. El primer logro fue la Ley de Emergencia Social. Su autocritica: que no le pudieron dar una expresión política a todos los espacios que fueron protagonistas de la populosa marcha de San Cayetano. “Lo que pasó en el 2017 no fue bueno para nadie, toda la unidad construida en la calle no tuvo una expresión política”, reconoce.

En el inicio del tercer año de gestión de Mauricio Macri, la joven diputada se encuentra trabajando activamente para que el Congreso de la Nación despenalice el aborto. No desconoce las tensiones que este debate genera dentro del peronismo, pero nos cuenta que son muy pocos los diputados justicialistas que hoy están en contra de la ley y señala que hay cada vez más legisladores con el pañuelo verde. “Es necesario que nuestro partido cuestione sus prácticas y adquiera esta nueva cultura política”, explica.

Lucila no cree en las intenciones del Gobierno Nacional y mucho menos en el feminismo del presidente Mauricio Macri. Considera que el movimiento de mujeres es “anticapitalista” y que las intenciones del Ejecutivo son netamente políticas. “Si se abre el debate en el Congreso tenemos que poner nuestra experiencia, todo el recorrido de la lucha feminista sobre la mesa y tratar que gane esta mirada y no la del macrismo”, marca.

Feminismo, Movimientos Sociales y unidad opositora. Leemos a Lucila.

FEMINISMO


Para empezar, ¿qué saldo tenés del #8M, del paro de Mujeres y de la gran movilización?

Bueno, me parece que fue, a todas luces, increíble en la capacidad de reconfiguración que está teniendo el movimiento de mujeres en Argentina. Lo que yo veo es que de alguna manera el movimiento feminista está logrando ir reconfigurando sus propios límites en cuanto a la agenda, a la masividad que toma, a la contundencia de su planteo. Por un lado me parece que todo se sostiene en el hecho de que el planteo feminista es un cuestionamiento al sistema en su conjunto, a la configuración social, al sistema de valores, al modelo capitalista…. El feminismo cuestiona todo eso, en base a una desigualdad estructural. Pero por otra parte, me parece que, ya yendo más a lo concreto, vamos cristalizando esas demandas. Me parece que ahí el movimiento de mujeres en Argentina fue haciendo un camino que arrancó en el 2015 con las movilizaciones masivas, pero que tenían un reclamo concreto que era en contra de los femicidios, contra la violencia machista, “Paren de matarnos”. Se circunscribía a eso. Desde entonces hasta ahora, fue encontrando la posibilidad de construir otras demandas que tienen que ver con esta misma agenda pero problematizándola socialmente. La demanda por la desigualdad económica, la desigualdad laboral, por la representación política, la salud sexual y reproductiva, los derechos sexuales, el aborto. Me parece que son todas cosas que, al contrario de dispersar, en el movimiento feminista se van encastrando, van construyendo un rompecabezas que genera que al final todo pueda confluir y darle una masividad y una contundencia que creo que es lo que se expresó en el #8M. No era solamente un paro, no era “si nuestras vidas no valen produzcan sin nosotras”, la consigna más economicista. Sino que tenía que ver con un cuestionamiento más general sobre cuál es el rol de la mujer en la sociedad. Eso es lo más interesante y más potente hoy en Argentina y en el mundo.

Vos algo de esto decís en la nota de Panamá… Yo me pregunto, toda esa heterogeneidad que no tiene conducción ¿no tiene riesgo de, en algún momento, de dispersarse o entrar en contradicciones internas? ¿Cómo la ves hacia adelante?

Yo creo que el riesgo está, pero creo que en esa heterogeneidad y en esa forma novedosa de construirse como movimiento social creo que también está la potencialidad. Yo entiendo que un fenómeno que se está dando, con las asambleas que no tienen ninguna conducción, donde hay una horizontalidad grande, donde se hace un esfuerzo enorme por parte de las compañeras de mantener esos espacios con toda la contraposición de ideas, de consignas, que son a veces muy fuertes y se está siempre al borde del quiebre. Yo entiendo que eso asusta o es algo distinto a las formas más tradicionales de organización, donde hay conducciones. Es un proceso distinto que requiere de un esfuerzo democrático mucho mayor, pero me parece que hoy por hoy eso es lo que le da la fuerza. Y no puedo decir qué va a pasar, si se va a fragmentar o no. Pero hay muchas esperanzas puestas en eso y que no suceda. Ojalá se pueda seguir en un camino que confluya en una unidad de este reclamo y que creo que es lo valioso que tiene el movimiento de mujeres. Lo veo como un movimiento que tiene nuevas características de este tiempo, del nuevo siglo que culturalmente es distinto. Que tenemos que hacer un esfuerzo mayor por construir nuevas formas y prácticas políticas de nuestras organizaciones y cuestionarnos un poco lo que veníamos haciendo y tener un diálogo que nos acerque más a la sociedad que vivimos, a la juventud, a las mujeres. También es muy interesante el proceso de la CTEP, que tiene algo más cercano a los tipos tradicionales de organización, pero que también es un proceso de unidad distinta. Para mí son los dos movimientos sociales que marcan alguna diferencia en el plano político argentino.

Sí, también se puede pensar lo nuevo en la organización del #niunamenos, donde periodistas y artistas –se podría decir influencers- se reunieron y armaron la marcha masiva. En una nota reciente, Hinde Pomeraniec reflexionaba sobre una frase de Sarlo que decía que no podía llamarse feminista porque nunca militó en una organización feminista. Y quizá ya hoy no hace falta pertenecer a una organización feminista para serlo y luchar. Como que hay una nueva forma de participación social, ¿no?

Sí, yo en eso coincido. O como vos decías, las “influencers”. Hoy hay un montón de mujeres que no forman parte de ninguna organización y que capaz están más en los medios, en la cultura o en la intelectualidad y que con lo que dicen van construyendo esto. Por ejemplo, las asambleas que se armaron para organizar el #8M estaban llenas de organizaciones y también llenas de mujeres que fueron a participar de manera independiente, tal vez más intermitente. Ahí las organizaciones tienen un rol de darle una continuidad a lo que va pasando…

Claro, sobre eso quería preguntarte, ¿cómo procesan las organizaciones estás nuevas formas de activismo?

Bueno, para mí con tensión, es obvio, porque es distinto a nuestras prácticas tradicionales, pero también es un proceso creativo muy interesante al interior de las propias organizaciones. Porque los compañeros que inicialmente tienen más resistencia, que en general, obviamente son más los hombres, pero también hay mujeres. También hay alguna crítica en torno a que si es una lucha de las mujeres de clase media o no. Pero después tenés la marcha del #8M que no sé si fue la movilización más grande desde que está el macrismo. Ante un fenómeno así no se puede negar lo que está sucediendo. En esas tensiones, en esos debates se da un proceso creativo que tiene final abierto. También en la relación entre las organizaciones preexistentes y el movimiento de mujeres. Nosotras desde el Movimiento Evita, desde la CTEP, claro que tenemos nuestros reclamos y queremos que tengan centralidad las demandas de las mujeres de la economía popular, de las mujeres más vulneradas. Pero eso no significa que otros reclamos, en otra dimensión de derechos, como la representación política, también se cruzan. No es momento de poner una demanda sobre otra, porque en última instancia todo lo que está sucediendo con el movimiento feminista es opositor al macrismo, es opositor al neoliberalismo. El feminismo es anticapitalista. La dirección es clara. No hay que conducirlo, encajonarlo en nuestros moldes mentales. Hay que ayudarlo a crecer.

¿Y cómo leés esta mutación del gobierno, de llamar a Macri “el feminista menos pensado”?

Es claro que el gobierno mira encuestas y focus group, ve que hay una problematización social, que no es sólo una construcción de los sectores politizados, sino que hoy la mayoría de las mujeres –y cada vez son más- se animan a decir o a plantear alguna reivindicación sobre su situación personal y sobre sus derechos.

¿Y las iniciativas políticas que el gobierno plantea sobre el tema?

Yo creo que tienen que ver con eso. Con la intención de tener alguna ganancia política con esto. Lo que hay que hacer, si abren el debate, es ir. Si se abre la posibilidad de discutir el aborto seguro, vamos. Pongamos nuestra experiencia, todo el recorrido de la lucha feminista en la mesa. Y tratemos de que gane la mirada feminista y no la del macrismo. También, ellos hoy presentan el proyecto de paridad salarial. Una ley que es una “venta de humo” bastante grande. A eso nosotros le podemos proponer otras iniciativas legislativas que sean mejores, porque también creemos que hay reducir la brecha salarial, pero ellos sólo lo plantean como consigna y no van a tocarle las ganancias a los empresarios para que redistribuyan al interior de su empresa. Nosotros sí podemos proponer eso.

El Movimiento Evita viene planteando la idea del “feminismo popular”, ¿qué significa? ¿Se quiere diferenciar de otro feminismo?

No tiene que ver con diferenciarse, sino con construir una consigna más específica, que tenga que ver con las mujeres de los sectores populares, de sus situaciones de vida, de sus condiciones económicas y laborales. Para nosotros es una consigna que nos sirve, por un lado para ponerle fuerza a ese conjunto de demandas, y para visibilizar un sector que es el de los humildes, que generalmente es el más silenciado. Incluso dentro de los planteos más progresistas. Entonces, la consigna “el feminismo popular” tiene ese rol. La posibilidad de expresar las demandas más urgentes de las compañeras. Y eso tiene que unirse con el resto de demandas y expresiones que confluyen en el feminismo.

¿Y en cuanto a la relación entre el feminismo y el peronismo?

Evita fue una gran feminista en su práctica. Todas las mujeres que en la historia argentina con su acción contribuyeron a fortalecer el rol de la mujer en la sociedad fueron feministas aunque no se definieran como tales. Creo que el peronismo tiene un debate con el feminismo, como un montón de otras expresiones y organizaciones políticas. Creo que lo que tiene pasar en primera instancia es la posibilidad de tener ese debate en forma genuina. No me gusta tanto eso de “hay que subir a tres mujeres a la foto”. Entiendo que hay una conveniencia política y que, bueno, hay que hacerlo. Pero, aparte de eso hay que tener un proceso en el cual nos permitamos cuestionar nuestras propias prácticas partidarias, militantes, para hacer del feminismo una parte de nuestra propia ideología. Yo creo que hay que asumirlo desde ese lugar. Tiene que formar parte de nuestra cultura política. Ojalá que el peronismo pueda incorporar al feminismo como parte de su cultura política.


ABORTO


Y en particular, sobre el aborto y el peronismo. Abierta la discusión en el Congreso se encuentran muchos peronistas que están hoy en contra. ¿Qué lectura hacés? ¿Se puede modificar?

Yo creo que cada vez hay menos peronistas en contra del aborto. Hay algunos que tienen creencias religiosas y que quizá es más difícil modificar su posición. Pero históricamente el aborto ha sido un tema tabú, que todos nos negamos a discutir o tenemos miedo de hacerlo porque pensamos que la sociedad lo rechaza. Pero a medida que el debate se va abriendo y se va avanzando, se van rompiendo esos prejuicios que en realidad no son tales. A mí me pasó hace un tiempo en una asamblea de compañeras de territorio de cara al #8M surge el tema del aborto y yo tenía ese prejuicio. Fueron ellas las que pusieron sobre la mesa que las mujeres de los barrios populares se mueren porque no acceden a las condiciones de salud necesarias para realizar el aborto. Esa realidad existe y ellas quieren que el estado intervenga en ese sentido. En garantizar esas condiciones mínimas de salud. Por eso, a medida que se siga abriendo el debate, con respeto, hay muchos de esos prejuicios que se pueden romper y posiciones que pueden cambiar. Y esos que cambian son la gran mayoría de estar en contra a estar a favor. Yo confío que en diputados vamos a conseguir los votos para aprobarla.

¿En el Senado?

En el Senado está más complicado, aunque no estoy en el día a día porque no estoy ahí. Se percibe que sí hay una posición más conservadora.

Como decís, lo que sí se percibe es un cambio importante en el antes del debate y ahora, ¿no?

Sí, porque aparte no hay tantos argumentos para oponerse a la legalización del aborto. En cambio para avanzar en la legalización y se garantice ese derecho como un derecho de la salud, hay un montón de argumentos. internaciones que tenés por abortos complicados–que te lo dicen los mismos ministros del gobierno. Esto existe y no va a dejar de hacerlo porque esté penalizado. Por otra parte están los argumentos que tienen que ver con la realidad, que es el número de mujeres que se mueren por realizar abortos clandestinos en condiciones de inseguridad. Hay una gran mayoría de países que lo han legalizado y que esto produjo casi la anulación de las muertes. Por eso coincido, desde que empezó el debate hasta hoy, hay cambios de opinión, ya muchos se pusieron el pañuelo.

MOVIMIENTOS SOCIALES


Cambiando de tema, por un lado están armando un interbloque con Libres del Sur, por el otro la CCC bancó a los candidatos del Movimiento Evita en las legislativas de la Provincia de Buenos Aires del año pasado. ¿Cuál es la situación hoy del Triunvirato de San Cayetano?

Con la marcha de San Cayetano (el 7 de agosto de 2016) logramos que distintas organizaciones de distintas procedencias podamos unificar las demandas de un sector social y construir un canal de interlocución con las instituciones, desde los reivindicativo. El proceso es netamente positivo. Además, sigue creciendo, se siguen sumando al espacio cada vez más organizaciones. Por ahora el camino sigue siendo ascendente. Lo que cuesta es darle una expresión política. Siguieron primando las afiliaciones partidarias previas. Y eso lo vemos como negativo, porque ningún grupo que forma parte del sector, de la experiencia de San Cayetano, logró incrementar su representación política. Y tampoco el proceso electoral abonó a la unidad que se venía construyendo. Tampoco la destruyó. Pero le pasó por el costado. Eso lo miramos como un aprendizaje que hay que realizar, la posibilidad de hacia el futuro poder ir generando las expresiones políticas de ese espacio. No sabemos cómo se va a dar, pero creemos que es necesario que los trabajadores de la economía popular tengan su expresión política, que puedan discutir el modelo de país. No hay nada definido pero todos sabemos que lo que pasó en 2017 no fue bueno para nadie. Toda la unidad construida en la calle no tuvo una expresión política.

¿Y el interbloque con Libres del Sur?

Es la expresión de un trabajo y una agenda común que veníamos transitando ya desde el año pasado y cada vez con más profundidad. Nosotros con Libres de Sur tenemos una coincidencia casi absoluta en la agenda sobre la cual trabajamos, aunque tengamos raíces distintas. Acá (en el Congreso) veníamos trabajando todas las iniciativas de conjunto. Queríamos que lo que se daba en la calle y que también pasaba en el Congreso pudiera tener una expresión formal. Eso nos fortalece como actor en el escenario parlamentario.

¿Y cómo recibe la CTEP el cierre de los programas Argentina Trabaja (AT) y Ellas Hacen y la apertura de uno nuevo, Hacemos Futuro?

Nosotros le hacemos una crítica conceptual al gobierno. Pensamos que el AT y los demás programas de empleo, incluso el Salario Social Complementario, son políticas que tienen que fortalecer el trabajo de nuestros compañeros. Un trabajo que efectivamente existe, que se produce en el territorio, que si bien no forma parte del circuito formal es un trabajo y es una práctica laboral como cualquier otra. Nosotros vemos que el gobierno va hacia un esquema de subsidiar programas de capacitación, alejado de lo que tiene que ver con la realidad territorial. Además es contradictorio: proponen obligatoriedad del secundario mientras cierran los FINES en los barrios. Nosotros creemos que la inclusión es mediante el trabajo, que también es capacitación. Vamos a defender esa posición.

POLÍTICA

Pensando en el 2019. Hay dos ideas que ayudan mirar qué camino tomar hacia las elecciones, un debate entre los intelectuales, Horacio González y Daniel Santoro. Muy esquemáticamente, el primero propone que la unidad se debe dar en la calle y que de allí salga la opción política, mientras que el segundo propone, lisa y llanamente, júntense a como dé lugar y ganen. ¿Con qué posición te identificás?

No quiero que gane Macri de nuevo, está claro. Cuatro años más de macrismo es empobrecimiento de nuestro pueblo. Lo que va de gobierno es un recorte de los ingresos, un saqueo de los recursos públicos, una reducción de los derechos de la sociedad muy fuerte. Hay que trabajar para ganar en 2019. Pero también es cierto, quizá sea un planteo, por decirlo de algún modo, generacional, que necesitamos profundizar más en el significado de la unidad, y cómo se construye. Cuando hablamos de volver a tener un gobierno popular, yo coincido con Horacio González, queremos que surja de un proceso de movilización social, callejero, que vaya construyendo sus referentes políticos. Que un gobierno popular tenga una agenda que sea la agenda de nuestro pueblo, de los trabajadores de la economía popular, de las mujeres, de la industria, del campo también, de todos los sectores que están siendo perjudicados y que hay que reconocer en las políticas de un próximo gobierno. Que hagamos un aprendizaje de estos años, también de los gobiernos de Néstor y Cristina. Que esa unidad sea para fundar instituciones transformadoras que construyan una realidad absolutamente distinta. Si vamos por eso, estamos de acuerdo. Si vamos por la unidad para conservar determinados espacios de poder y privilegios personales, ahí ya no estoy tan de acuerdo. Además, no tiene posibilidades de éxito. La unidad del peronismo y todo el campo popular que pueda confluir en una propuesta opositora tiene sus chances de ganarle a Macri en la posibilidad de interpretar las demandas que hoy tiene nuestro pueblo. Con todas sus complejidades y novedades.

¿Y cuál es la situación hoy, en qué momento de ese proceso de construcción opositora estamos?

Creo que al menos hay una voluntad de construir la unidad, hacer ese camino. Me parece que si se sigue haciendo el recorrido y al mismo tiempo se dialoga con las demandas de la sociedad, estamos en el rumbo correcto. Ahora, si vamos a quemar etapas, si ya se lanzan dos o tres candidatos y priman los intereses personales vamos a estar complicados. Pero hoy veo una voluntad fuerte de construir la unidad y eso es positivo, pero debe crecer.

¿Hay límites en esa unidad? Algunos plantean que el candidato no puede estar muy identificado con el kirchnerismo y otros que el límite son los peronistas que hoy no se oponen al gobierno…

Nosotros pensamos que es con todos. Cuando digo “con todos” no digo sólo peronismo, es con todos los que quieran construir un país con justicia social. Nosotros en ese marco, vamos con todos. Claro que tenemos una mirada sobre la estrategia, sobre las figuras que pueden ser más fuertes en términos electorales, pero con limitaciones para poder crecer, como puede ser el caso de Cristina o algunas personas vinculadas al proceso anterior. Yo creo que tienen que estar, absolutamente, pero cada uno tiene que ocupar el rol que más permita desarrollarse a la propuesta que tenemos que construir para ganarle a Macri. Nadie tiene que ser tapón de la construcción de este proceso de unidad que pueda ganarle a Cambiemos.

¿Y en el caso de tu provincia, Santa Fe, esa amplitud incluye al socialismo?

Bueno, para nosotros el socialismo en Santa Fe es el gobierno y nosotros somos opositores. Ellos tienen una posición ambigua respecto al macrismo, pero hay muchos sectores al interior del socialismo que también tienen esta convicción de que el macrismo significa la implementación más cruda del modelo neoliberal en nuestro país. Creo que hay que tener un diálogo, un canal abierto para esos sectores. Tampoco hay que apresurarse y condicionar ningún acuerdo. Es difícil que dos partidos con su historia en Santa Fe puedan confluir en una realidad como la que vivimos en mi provincia. Pero el diálogo tiene que estar, tener coincidencias desde lo general y de ahí ir viendo cómo se expresa en lo más territorial, en lo particular.

Para terminar, se están cumpliendo diez años de la resolución 125… Da para muchas reflexiones, se puede pensar como un parteaguas en el ciclo kirchnerista, ¿cuál es tu análisis del recordado conflicto con el “campo”?

Bueno, en términos personales, con este conflicto me sumé al Movimiento Evita, aunque ya venía militando en la facultad. Fue la cristalización más extrema de las posiciones políticas que había en el país, y yo sentía en ese momento que el gobierno de Cristina representaba la posibilidad de un proyecto transformador y había que defenderlo a toda costa. Hoy, pasado un tiempo, hago un análisis un poco más complejo de que eso que llamábamos “el campo”, y que lo vimos como un enemigo. No era un actor homogéneo, sino que hay un montón de sectores que la componen, que no son nuestro enemigo, que tienen que formar parte del pensamiento de un proyecto de país. El campo tiene que formar parte, en una sinergia con los sectores industriales y también con los financieros, de cómo funciona la economía argentina. Por supuesto que en ese momento se cometieron algunos errores, pero también fue un momento de fortalecimiento de las identidades políticas. Mucho de la militancia peronista que formó parte del kirchnerismo se multiplicó en ese momento (y después mucho más con la muerte de Néstor) y que en términos de identidad política fue una marca. Unos meses muy vertiginosos y que a mí como militante me marcaron mucho.

También se habla de que el “germen” del macrismo también está en el conflicto con el campo.

Yo creo que el macrismo nace en el 2001 con la crisis de representatividad. En la 125 se condensa el germen de una identidad que hoy compone el macrismo que es (no recuerdo bien quién la había llamado) el voto de la zona núcleo, que es toda esa identidad vinculada a cierto interior de nuestro país, muy arraigado a la ruralidad. No son solamente los terratenientes sino todo lo que está en torno a ese modelo productivo. Ahí sí, la 125 tuvo su marca identitaria más fuerte y después se integró en la propuesta de Cambiemos.

Lucio Fernández Mouján es politólogo y miembro del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política, Instituto Gino Germani, UBA.

Integrante del PEPTIS (Programa de Economía Popular y Tecnologías sociales- UMET/CITRA.

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