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sábado 22 de septiembre de 2018 - Edición Nº1552
Opinión

Cuando salta la ficha

Autor: Martina Forneri

26 oct 2017 - Por Martina Forneri

En realidad, no quería escribir esta nota. No porque no piense que Ari Paluch es un pelotudo y un forro, atributos indiscutibles que ostenta con soltura en medios varios, ni porque no me de bronca que pretenda salir impune de una situación de acoso que (al fin!) destapó una olla que no le da respiro. Lo que me pasaba era que me costaba subirme a la ola de debate en torno a una figura a la que desprecio y no teniendo además tanto para aportar a lo ya dicho, mucho de lo cual fue expuesto por mujeres a las que admiro y respeto.

Pero Fortuna metió la cola, como tantas veces sucede. Desde que me propusieron escribirla hasta ahora pasaron varias cosas. Ayer, por ejemplo, cuando ya había tomado la decisión de decir que no, escuché fortuitamente el programa de radio Furia Bebé, que sale todos los días por Futu Rock. Lo conducen Malena Pichot y Señorita Bimbo, dos referentes actuales del feminismo para miles de pibas (entre las cuales me incluyo) y también de pibes. Digo fortuitamente porque, nobleza obliga, no soy oyente del programa. Es más: puse la radio a las 21 hs, mientras cocinaba, y casualmente en ese horario repetían el emitido por la tarde.

En la sección “bebés”, de la cual pude deducir que se trata de difundir/denunciar hechos de violencia, no sólo de género (aunque es predominante), la producción emitió un audio en el que compilaba las declaraciones de Ari Paluch en su programa radial “El Exprimidor” sobre la situación de acoso que lo tuvo como protagonista victimario. Y ahí bueno, esta columna nació.

Qué decir. O mejor, por dónde empezar. A ver, si Ud. quiere conocer los hechos, se los resumo así nomás, porque hay una enorme cantidad de notas escritas al respecto y hasta un video en el que puede buscar más detalles: el conductor de radio y televisión Ari Paluch le toca el culo a Ariana Charrúa (mencionada en múltiples medios como “la microfonista”), que estaba haciendo su laburo, como otras tantas mujeres que alguna vez tuvieron la desgracia de trabajar con este ser y a las que también acosó. Ariana hace la denuncia instantáneamente al canal A24, en el que ambos trabajaban, y finalmente lo despiden.

Así las cosas, el acosador Paluch aprovecha el micrófono que todavía tiene (ay sí, hablemos de minutos de aire para las lacras como esta que disponen de los medios masivos para defenderse) y hace su “descargo”. Es bastante difícil describir acá la sensación que nos provoca a las mujeres escuchar semejante cantidad de mierda. Más allá de las barbaridades obvias “yo no hice nada”, “es gente resentida”, en determinado momento comienza a hablar de las facilidades económicas que le brindó su trabajo en los medios. Luego del buen colegio al que asisten sus hijos y la 4x4, llega “gracias a este trabajo mi mujer puede ir a la peluquería”. En este punto, que también podríamos denominar la cresta de la ola de ira feminista, entra el segundo factor Fortuna por el cual Ud. está leyendo esto: mi tía.

Yo vivo sola con mi gata, mi tía María Luz es psicóloga y vive en Caballito. Vino a La Plata por un tema de salud y se está quedando en mi casa. “¿Sabés cómo funcionan los rasgos psicopáticos?”, me pregunta desde el living, mientras yo fumo un cigarrillo en la cocina y profiero insultos contra Paluch. “Se financian con la violencia del otro”. En este caso, las otras.

¿Qué significa esto? Que estas declaraciones, aunque lo parezcan, no son provocaciones. El acosador, hijo sano del patriarcado, que además lo niega y se defiende, no siente la violencia, no la vive, ni siquiera como ejercicio. En pocas palabras, no trabaja. Tocarle el culo a Ariana y decir que no lo hizo en la radio es el mismo movimiento: la violencia queda del otro lado, del nuestro, para él no está pasando nada.

¿Por qué me pareció importante hablar de esto? Porque muchas veces pecamos de pedagógicas. Gente como este tipo no va a cambiar nunca, porque no va a reconocer para consigo mismo el acoso. Nunca va a hacer una terapia, ni va a intentar disculparse, ni se va a correr un centímetro del pedestal de caca en el que está parado.

En este caso, se financió con mi violencia. Me hinchó los ovarios a mí, que me dio bronca escucharlo decir que si fuera un acosador lo sabría, porque tuvo mujeres que están re buenas al lado y no las violó. ¡Ah, menos mal Ari, porque si así hablás no quiero imaginarme lo demás!

Ahí fue que decidí transformar esa bola de odio en esta columna, que tiene muchas malas palabras y se asemeja a un vómito. Porque estamos hartas del patriarcado, de los Ari Paluch y también de las Mercedes Ninci y las Maru Botana, mujeres católicas y de derecha funcionales al orden social que nos desaparece, nos mata y nos viola. No es casual que las haya mencionado en el mismo descargo como garantía de que es un buen tipo (!).

Ari Paluch, acá no tiene un carajo que ver si te levantás a las 4 de la mañana para hacer un programa de radio, si tenés dos hijos o veinte o a qué colegio van, si cogés o no con “tu” mujer (que no es tuya, andá enterándote). A nadie le importa si Ariana Charrúa trabaja en el medio hace dos meses o cinco años, si se puso un pantalón apretado o directamente fue en bolas a laburar. Vos no tenés ningún derecho sobre el cuerpo ni la voluntad de ninguna mujer, ni siquiera de la que decidió convivir con vos. Llorá todo lo que quieras, pero la violencia que vos ejercés y no registrás tiene un precio. Y ahora que todas lo sabemos, ahora que ellas hablan, lo vas a empezar a pagar.

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