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viernes 20 de julio de 2018 - Edición Nº1488
Opinión

La ideología de género son los padres

Autor: Martina Forneri

7 oct 2017 -

“La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, escribió, aunque con otras palabras, Karl Marx y de allí en más la sociedad fue entendida en base a una división entre dos tipos de personas: las que explotan a otras y las que son explotadas; las que son dueñas de los medios de producción y las que deben trabajar para sobrevivir.

A partir de esta configuración, burdamente esbozada aquí, surgen las ideologías modernas, apropiadas por distintos partidos o movimientos políticos. Algunas van a dedicarse a defender este orden desigual, representando los intereses de los dueños de todo. Otras, por el contrario, se darán al intento de dar vuelta la tortilla.

En Argentina, de hecho, hemos tenido un crisol de pensamiento político bastante amplio. Mencionemos algunos para que se entienda: el bipartidismo tradicional, que parece estar concluyendo, planteaba la contraposición entre el peronismo, cuya ideología puede resumirse en el concepto de justicia social a través de una alianza de clases, y el radicalismo (actualmente disuelto en Cambiemos), de dudosa coherencia ideológica en sus más de 100 años de existencia, pero que básicamente ha consistido en una defensa a ultranza de la democracia. También tenemos a la izquierda tradicional, cuya ideología podría resumirse en alcanzar el socialismo, aquí y en el mundo entero.

Muy bien. Cómo esta es una columna de género, vamos al punto: ¿existe una ideología de género? ¿se puede estar a favor o en contra de ella?

La respuesta es no. La ideología es un recorte sobre la realidad, que es reelaborado teóricamente y convertido en un cuerpo de ideas para ser llevadas a la práctica, en acuerdo con las reglas de la sociedad, que permiten la convivencia de ideologías diversas. La teoría de género, en la cual se basan los feminismos, parte de la idea básica y elemental (algunxs dirán radical) de que las mujeres somos personas. No se puede estar en contra o a favor de esto, no se trata de entender o convencerse. Me explico mejor: no es válido ser adepto o no a la vulneración sistemática de los derechos humanos de una porción (grande, muy grande) de la sociedad.

El derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia es transversal a cualquier ideología política o social, de derecha, izquierda o centro, porque radica en que nosotras no somos el objeto ni la propiedad de nadie. O sea que la lucha de las mujeres por sus derechos no se encuadra en una dialéctica de opuestos de carácter ideológico, machismo vs. feminismo. Aquí, el machismo viene a ser la defensa de la relación desigual en términos de poder de los hombres respecto de las mujeres, que se traduce en violencias de todo tipo, ejercidas de modo sistemático, y que son parte intrínseca de la estructura social: no se reducen al ámbito de lo “privado”, sino que están alojadas en el funcionamiento de las propias instituciones (la educación, la justicia, la salud, las fuerzas de seguridad).

Y he aquí que, si bien la mujer ha sido violentada desde el origen de los tiempos, el patriarcado es especialmente funcional en y para el sistema capitalista. Por lo tanto, los derechos de las mujeres son transversales a las ideologías modernas. En este sentido, enfrentar la violencia de género debería ser una prioridad en los partidos y movimientos que se pretenden emancipatorios.

Hay una pintada muy común en las paredes luego de las marchas del 8 de marzo que dice “la revolución será feminista o no será”. Vale para la izquierda, pero también podemos decir que no hay ni habrá justicia social sin mujeres libres de violencia (vaya si lo entendió Eva Perón, cambiando la historia con el voto femenino) y por qué no también, a la antigua Unión Cívica Radical, hoy Cambiemos: sin igualdad de género no hay democracia.

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