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sábado 22 de septiembre de 2018 - Edición Nº1552
Opinión

En busca de la alquimia perdida. Síntesis en la agitación electoral.

Autor: Consultora Arquetipos

23 jul 2017 - La última parte de la trilogía de notas de opinión sobre el escenario electoral de la Provincia de Buenos Aires realizada por la Consultora Arquetipos.

Federalícenla

Los comicios de este año son provinciales y distritales a nivel nacional (Buenos Aires, Santa Cruz, Formosa, La Rioja, Jujuy, Misiones, San Juan y San Luis eligen senadores y diputados nacionales, así como diputados o senadores provinciales y concejales). Sin embargo, la comunicación, los análisis y los movimientos de buena parte de los actores del sistema político nacionalizaron la disputa de la Provincia de Buenos Aires. Esto se funda, por un lado, en que allí compiten algunas de las principales figuras de la política nacional (como Cristina Fernández de Kirchner), quienes tuvieron aspiraciones de reemplazarla (como Sergio Massa y Florencio Randazzo), aquellos que han logrado tener injerencia en buena parte del electorado nacional (como María Eugenia Vidal) y hasta interviene activamente el propio Presidente de la Nación, Mauricio Macri. Así, como cada fuerza política ha puesto a jugar a sus figuras rutilantes, prácticamente todos los actores de peso van a estar comprometidos en la contienda provincial. Inclusive Elisa Carrió, responsable de garantizar el triunfo oficialista en la Capital Federal, se está mostrando en los principales distritos y en los timbreos bonaerenses. Más allá de que el rol honestista en la nómina haya sido ocupado por Graciela Ocaña, la valoración de Lilita en algunas ciudades de la provincia parece ser irremplazable.

En segundo lugar, todos los actores que se movilizan en torno a estas elecciones las conciben como una instancia de evaluación de la gestión nacional de Cambiemos. Esta premisa resulta ineludible, da lugar a diferentes posicionamientos argumentales y estrategias para conquistar los votos. Desde la Casa Rosada se esfuerzan por señalar que también se plebiscita al gobierno anterior, se evaden los temas económicos coyunturales y se insiste con que estos comicios son un paso más en la superación del pasado. Hasta hace poco, ese pasado era populista y corrupto. Sin embargo, Eduardo Fidanza explica que la teatralización de la corrupción ya no da resultados y que por ello han tenido que implementar un “populismo de emergencia”. Afortunadamente, Jorge Asís advirtió que populista no es quien quiere, sino quien puede, quien sabe.

Para el espacio que lidera Cristina, que se plebiscite la gestión cambiemita le permite correr con ventaja. Objetivamente, buena parte de los ciudadanos de a pie encuentra ostensibles diferencias entre cómo estaba hace 19 meses y cómo está ahora, favorables al pasado. En el último mano a mano con Alejandro Fantino, el turco sentenció que “la elocuencia de la realidad” es la campaña de Unidad Ciudadana. Por eso, en los spots publicitarios el protagonismo lo tienen los perjudicados por este modelo.

Así, lo que está en juego es la aprobación o desaprobación del proyecto político cambiemita y, con ello, la legitimidad futura del Gobierno Nacional para seguir implementando medidas en el mismo sentido que hasta ahora, como por ejemplo la reforma laboral sintonizada con el caso brasileño. Más allá de lo dicho hasta aquí, y para ser justos, la nacionalización de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires es una regla en todos los comicios que, más allá de las particularidades de este año y de las opiniones sobre este asunto, puede ser explicada porque es la jurisdicción que concentra el 40% de todo: de la población, de los recursos y de los problemas.

De ofertas y demandas

Según los mandamientos de la biblia liberal, la oferta crea su propia demanda. Este parece ser el axioma que guía la fuerte campaña política, mediática y judicial en contra de la ex Presidenta, en donde se busca concentrar el rechazo al kirchnerismo duro y sumar a aquellos ciudadanos sin una filiación tan definida dentro de la grieta. Se trataría, entonces, de ofrecer un relato en contra de la corrupción (explicitado en este momento por la figura del ex Ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el contador de la familia Kirchner, Víctor Manzanares) como un intento por generar una repulsión hacia todo lo vinculado con la gestión anterior.

Esta posición, con mayor o menor exaltación e intensidad, tiene dos expresiones electorales principales, Cambiemos y Un País, que se han trazado los objetivos de “no volver al pasado” y “frenar a Cristina” respectivamente. A esta disputa con el kirchnerismo, se ha sumado Florencio Randazzo desde Cumplir ofreciendo una alternativa cada vez más hostil con la ex Presidenta. Desde esta perspectiva, hay mucha oferta no kirchnerista que se disputa el mismo espectro electoral y resultará un desafío para el gobierno ser quien mejor represente esta posibilidad (ser la opción electoral para barrer con el kirchnerismo, y ello dependerá de su desempeño en tanto oficialismo). De todas formas, habrá que ver qué es lo que fundamenta el voto en estas elecciones (si lo político-ideológico o lo económico, en términos de Roberto Bacman -CEOP-) y qué frente político logra escuchar/interpretar las demandas de la mayoría.

El “pasado” trajo la novedad

Desde el inicio del año, el Gobierno Nacional mostró especial interés por rivalizar electoralmente con Cristina Fernández de Kirchner e inscribir esta disputa en la estrategia de lograr que la ex mandataria acapare la atención, corriendo la mirada de la gestión actual. En ese momento parecía redituable juzgar el pasado y mantenerlo en la centralidad mediática, aprovechando que el kirchnerismo estaba surcado por críticas y escindido en tribus de alcades, ex funcionarios y dirigentes con aspiraciones provinciales. Sin embargo, se dieron dos hechos inesperados: los números de las encuestas en los principales distritos del Conurbano bonaerense y que tanto los patios militantes como las alocuciones de geopolítica (entre otras marcas identitarias del cristinismo) cedieron lugar a una dirigente ávida de ganar votos y muy conocedora de las reglas del juego electoral del presente.

Martín Rodríguez señala, inteligentemente, que cuando el peronismo gana combina tradición y novedad. Esta capacidad de reeditarse sin perder la esencia es atendible en la lógica de la campaña de Unidad Ciudadana que, como hemos dicho en el artículo anterior, se ha valido de buena parte de las estrategias desarrolladas en 2011, con algunas incorporaciones novedosas (que han abierto una discusión entre analistas acerca de si se trata de duranbarbismo o no). No es una copia exacta de nada, pero se parece mucho. Más allá de esta polémica, con argumentos interesantes a favor y en contra, se ha visto un crecimiento en términos comunicacionales que se expresa en el discurso unificado entre los precandidatos y la militancia, así como un aggiornamiento en el uso de las redes sociales.

Las urnas aún no se expresaron, pero no sería descabellado pensar que el camino trazado por Cristina para ganar estas elecciones sea intentar obtener la justa combinación de ambos elementos: la tradición, los días felices, la bonanza, las tasas chinas, el 2011; y la novedad: ella también sabe hacer política del siglo XXI. El antikirchnerismo, particularmente acostumbrado a discutir a la ex Presidenta, tendrá enfrente a una nueva versión, con errores y aciertos como parte del pasado, debatiendo el presente y con intenciones de proyectar el futuro.

Peronismo, entre la rosca y la voluntad

Más de un dirigente pensó en estas elecciones como la oportunidad de jubilar a Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, su sostenida centralidad, hasta ahora imbatible, se plasmó en una definición electoral demorada que ya es tradición en la ex mandataria. Esto generó que los propios, incluso buena parte de los que la señalaban como la arquitecta de las derrotas de 2013 y 2015, se reordenaran detrás de su figura. Durante las semanas de pura rosca, que hubiesen hecho erizar al mismísimo Frank Underwood, el grueso de los intendentes, barones y dirigentes territoriales bonaerenses dejaron de vacilar y se cobijaron bajo la Unidad Ciudadana. Aunque las especulaciones y los análisis estimaban que en el peronismo volvería a primar la vieja escuela dirigencial y los acuerdos a cambio de “gobernabilidad”, mientras que el kirchnerismo se encaminaba a ser el Podemos local (nicho exclusivo de progresistas, universitarios y becarios de Conicet), la realidad dejó a Florencio Randazzo desamparado en su insistente intención de competir con la ex Presidenta de la Nación.

Sobre esto, desde Arquetipos proponemos hacer una distinción entre la rosca y la voluntad, entre el “voto tornero” y el “voto ciudadano” que quedó plasmada en los argumentos de los dirigentes de Cumplir cuando tuvieron que explicar la fractura del Frente para la Victoria. Si las razones para disputar electoralmente con el cristinismo eran las diferencias metodológicas, la falta de autocrítica y la propuesta de la renovación del justicialismo, resulta pertinente señalar que no son temas que convoquen a la ciudadanía, ni que conformen el universo de preocupaciones de la gente de a pie. Más aún, los votos del peronismo son mayoritariamente de Cristina (hasta es posible sostener que amplía su base entre quienes se definen como opositores). El conocimiento de esa voluntad, de esa filiación, fue traducida en el cierre de las listas de precandidatos que tendrá que revalidarse en las urnas con el sello de Unidad Ciudadana. Este nuevo frente electoral conserva la esencia del Frente para la Victoria, sin los sectores que brindaron “gobernabilidad” a Cambiemos desde diciembre de 2015, con la determinación de comprometerse con los ejes programáticos del espacio. El señalamiento es dejar de lado la rosca, porque la voluntad va por otro lado. Así, la apuesta política de la ex mandataria es todoterreno, cuerpo a cuerpo con los caídos. Sigan a los actores, que son ellos mismos los que marcarán la hoja de ruta del analista, recomienda Bruno Latour. Salgan y escuchen a la gente fue, en el lanzamiento en Mar del Plata, la única directiva de campaña que enunció Cristina Fernández de Kirchner para el resto de los precandidatos que conforman la nómina.

Por último, la decisión de seguir jugando abre dos interrogantes. En primer lugar si, a pesar de que el gobierno continúe perdiendo apoyos, un buen desempeño de Cristina Fernández de Kirchner en agosto dará lugar o no a un reacomodamiento de las principales fuerzas políticas con la mira puesta en derrotarla y sellarle un “techo”. En segundo lugar, si podrá mantenerse como una alternativa fuerte para 2019, especialmente porque en las nóminas de precandidatos ninguna figura asoma como potencial para los próximos comicios. En definitiva, por ahora se ha vuelto evidente que desde el Gobierno Nacional precisa mantener la vigencia de su figura para confrontar, pero esta centralidad puede volverse en contra, así como también es cierto que no hay quien pueda siquiera asomar a disputarle la conducción del peronismo. Habrá que rastrear cómo se desarrollan estas controversias de aquí en adelante.

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